La Casa Di Hilde
L'ombra di mio padre due volte la mia,
lui camminava e io correvo,
sopra il sentiero di aghi di pino,
la montagna era verde.
Oltre quel monte il confine,
oltre il confine chissà,
oltre quel monte la casa di Hilde.
Io mi ricordo che avevo paura,
quando bussammo alla porta,
ma lei sorrise e ci disse di entrare,
era vestita di bianco.
E ci mettemmo seduti ad ascoltare il tramonto,
Hilde nel buio suonava la cetra.
E nella notte mio padre dormiva,
ma io guardavo la luna,
dalla finestra potevo toccarla,
non era più alta di me.
E il cielo sembrava più grande
ed io mi sentivo già uomo.
Quando la neve scese a coprire la casa di Hilde.
Il doganiere aveva un fucile
quando ci venne a svegliare,
disse a mio padre di alzare le mani
e gli frugò nelle tasche.
Ma non trovò proprio niente,
solo una foto ricordo.
Hilde nel buio suonava la cetra.
Il doganiere ci strinse la mano
e se ne andò desolato,
e allora Hilde aprì la sua cetra
e tirò fuori i diamanti.
E insieme bevemmo del vino
ma io solo mezzo bicchiere.
Quando fù l'alba lasciammo la casa di Hilde.
Oltre il confine,con molto dolore,
non trovai fiori diversi,
ma sulla strada incontrammo una capra
che era curiosa di noi.
Mio padre le andò più vicino
e lei si lasciò catturare,
così la legammo alla corda e venne con noi.
La Casa De Hilde
La sombra de mi padre dos veces la mía,
él caminaba y yo corría,
sobre el sendero de agujas de pino,
la montaña era verde.
Más allá de esa montaña la frontera,
más allá de la frontera quién sabe,
más allá de esa montaña la casa de Hilde.
Recuerdo que tenía miedo,
cuando golpeamos la puerta,
pero ella sonrió y nos dijo que entráramos,
vestida de blanco.
Nos sentamos a escuchar el atardecer,
Hilde en la oscuridad tocaba la cítara.
Y en la noche mi padre dormía,
pero yo miraba la luna,
desde la ventana podía tocarla,
no era más alta que yo.
Y el cielo parecía más grande
y ya me sentía un hombre.
Cuando la nieve cayó cubriendo la casa de Hilde.
El aduanero tenía un rifle
cuando vino a despertarnos,
dijo a mi padre que levantara las manos
y le registró los bolsillos.
Pero no encontró nada,
solo una foto de recuerdo.
Hilde en la oscuridad tocaba la cítara.
El aduanero nos estrechó la mano
y se fue desolado,
y entonces Hilde abrió su cítara
y sacó los diamantes.
Y juntos bebimos vino
pero yo solo medio vaso.
Cuando amaneció dejamos la casa de Hilde.
Más allá de la frontera, con mucho dolor,
no encontré flores diferentes,
pero en el camino nos encontramos con una cabra
que estaba curiosa de nosotros.
Mi padre se acercó más a ella
y se dejó atrapar,
entonces la atamos con una cuerda y vino con nosotros.