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Nuestra Señora de la Hipocresía

Guccini Francesco

Nostra Signora Dell'Ipocrisia

Alla fine della baldoria c'era nell' aria un silenzio strano,
qualcuno ragliava con meno boria e qualcun altro grugniva piano;
alle sfilate degli stilisti si trasgrediva con meno allegria
ed in quei visi sazi e stravisti pulsava un' ombra di malattia.
Un artigiano di scoop forzati scrisse che Weimar già si scorgeva
e fra biscotti sponsorizzati videro un anchorman che piangeva
e poi la nebbia discese a banchi ed il barometro segnò tempesta,
ci risvegliammo più vecchi e stanchi, amaro in bocca, cerchio alla testa...

Il mercoledì delle Ceneri ci confessarono bene o male
che la festa era ormai finita e ormai lontano il carnevale
e proclamarono penitenza e in giro andarono col cilicio
ruttando austeri: "Ci vuol pazienza! Siempre adelante ma con juicio!"
E fecero voti con faccia scaltra a Nostra Signora dell' Ipocrisia
perchè una mano lavasse l' altra, tutti colpevoli e così sia!
E minacciosi ed un po' pregando, incenso sparsero al loro Dio,
sempre accusando, sempre cercando il responsabile, non certo io...

La domenica di Mezza Quaresima fu processione di etere di Stato
dai puttanieri a diversi pollici dai furbi del " chi ha dato ha dato "
ed echeggiarono tutte le sere, come rintocchi schioccanti a morto,
amen, mea culpa e miserere, ma neanche un cane che sia risorto
e i cavalieri di tigri a ore e i trombettieri senza ritegno
inamidarono un nuovo pudore, misero a lucido un nuovo sdegno:
si andò alle prime con casto lusso e i quiz pagarono sobri milioni
e in pubblico si linciò il riflusso per farci ridiventare buoni...

Così domenica dopo domenica fu una stagione davvero cupa,
quel lungo mese della quaresima, rise la iena, ululò la lupa,
stelle comete ed altri prodigi facilitarono le conversioni,
mulini bianchi tornaron grigi, candidi agnelli certi ex-leoni.
Soltanto i pochi che si incazzarono dissero che era l' usato passo
fatto dai soliti che ci marciavano per poi rimetterlo sempre là, in basso!
Poi tutto tacque, vinse ragione, si placò il cielo, si posò il mare,
solo qualcuno in resurrezione, piano, in silenzio, tornò a pensare...

Nuestra Señora de la Hipocresía

Al final de la juerga había en el aire un silencio extraño,
alguien rebuznaba con menos arrogancia y alguien más gruñía suavemente;
en los desfiles de los diseñadores se transgredía con menos alegría
y en esos rostros saciados y desgastados latía una sombra de enfermedad.
Un artesano de exclusivas forzadas escribió que ya se vislumbraba Weimar
y entre galletas patrocinadas vieron a un presentador de noticias llorando
y luego la niebla descendió en bancos y el barómetro marcó tormenta,
nos despertamos más viejos y cansados, amargura en la boca, círculo en la cabeza...

El miércoles de Ceniza nos confesaron más o menos
que la fiesta ya había terminado y el carnaval estaba lejos
y proclamaron penitencia y fueron por ahí con el cilicio
eructando austeros: '¡Se necesita paciencia! ¡Siempre adelante pero con juicio!'
Y hicieron votos con cara astuta a Nuestra Señora de la Hipocresía
para que una mano lavara la otra, todos culpables y así sea!
Y amenazantes y un poco rezando, incienso esparcieron a su Dios,
siempre acusando, siempre buscando al responsable, ¡seguro que no yo!...

El domingo de Media Cuaresma fue procesión de éter de Estado
de los putañeros a varios pulgares de los astutos del 'quien da, da'
y resonaron todas las noches, como campanadas fúnebres,
¡amén, mea culpa y miserere, pero ni un perro que haya resucitado!
y los caballeros de tigres a horas y los trompetistas sin vergüenza
amedrentaron un nuevo pudor, pusieron en brillo un nuevo desdén:
se fue a los estrenos con casto lujo y los concursos pagaron sobrios millones
y en público se linchó el reflujo para hacernos volver a ser buenos...

Así domingo tras domingo fue una temporada realmente sombría,
eso largo mes de Cuaresma, se rió la hiena, aulló la loba,
estrellas fugaces y otros prodigios facilitaron las conversiones,
molinos blancos volvieron grises, corderos blancos seguros ex-leones.
Solo los pocos que se enojaron dijeron que era el paso habitual
hecho por los de siempre que marchaban para luego ponerlo siempre ahí, abajo!
Luego todo se calmó, ganó la razón, se apaciguó el cielo, se posó el mar,
solo alguien en resurrección, suave, en silencio, volvió a pensar...

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