Piccola Città
Piccola città, bastardo posto,
appena nato ti compresi o fu il fato che in tre mesi mi spinse via;
piccola città io ti conosco,
nebbia e fumo non so darvi il profumo del ricordo che cambia in meglio,
ma sono qui nei pensieri le strade di ieri, e tornano
visi e dolori e stagioni, amori e mattoni che parlano...
Piccola città, io poi rividi
le tue pietre sconosciute, le tue case diroccate da guerra antica;
mia nemica strana sei lontana
coi peccati fra macerie e fra giochi consumati dentro al Florida:
cento finestre, un cortile, le voci, le liti e la miseria;
io, la montagna nel cuore, scoprivo l' odore del dopoguerra...
Piccola città, vetrate viola,
primi giorni della scuola, la parola ha il mesto odore di religione;
vecchie suore nere che con fede
in quelle sere avete dato a noi il senso di peccato e di espiazione:
gli occhi guardavano voi, ma sognavan gli eroi, le armi e la bilia,
correva la fantasia verso la prateria, fra la via Emilia e il West...
Sciocca adolescenza, falsa e stupida innocenza,
continenza, vuoto mito americano di terza mano,
pubertà infelice, spesso urlata a mezza voce,
a toni acuti, casti affetti denigrati, cercati invano;
se penso a un giorno o a un momento ritrovo soltanto malinconia
e tutto un incubo scuro, un periodo di buio gettato via...
Piccola città, vecchia bambina
che mi fu tanto fedele, a cui fui tanto fedele tre lunghi mesi;
angoli di strada testimoni degli erotici miei sogni,
frustrazioni e amori a vuoto mai compresi;
dove sei ora, che fai, neghi ancora o ti dai sabato sera?
Quelle di adesso disprezzi, o invidi e singhiozzi se passano davanti a te?
Piccola città, vecchi cortili,
sogni e dei primaverili, rime e fedi giovanili, bimbe ora vecchie;
piango e non rimpiango, la tua polvere, il tuo fango, le tue vite,
le tue pietre, l'oro e il marmo, le catapecchie:
così diversa sei adesso, io son sempre lo stesso, sempre diverso,
cerco le notti ed il fiasco, se muoio rinasco, finchè non finirà...
Pequeña Ciudad
Pequeña ciudad, maldito lugar,
recién nacido te entendí, ¿fue el destino que en tres meses me empujó lejos?;
pequeña ciudad, te conozco,
bruma y humo no puedo darles el aroma del recuerdo que cambia para mejor,
pero estoy aquí en los pensamientos de las calles de ayer, y regresan
rostros y dolores y estaciones, amores y ladrillos que hablan...
Pequeña ciudad, luego volví a ver
tus piedras desconocidas, tus casas derruidas por una antigua guerra;
eres mi extraña enemiga lejana
con pecados entre escombros y entre juegos consumidos dentro del Florida:
cien ventanas, un patio, las voces, las peleas y la miseria;
yo, con la montaña en el corazón, descubría el olor de la posguerra...
Pequeña ciudad, vidrieras violeta,
los primeros días de la escuela, la palabra tiene el triste olor de la religión;
viejas monjas negras que con fe
en esas noches nos dieron el sentido del pecado y la expiación:
los ojos las miraban a ustedes, pero soñaban con héroes, armas y canicas,
la fantasía corría hacia la pradera, entre la vía Emilia y el Oeste...
Tonta adolescencia, falsa e estúpida inocencia,
contención, vacío mito americano de tercera mano,
pubertad infeliz, a menudo gritada a media voz,
en tonos agudos, afectos castos denigrados, buscados en vano;
si pienso en un día o en un momento solo encuentro melancolía
y todo un oscuro sueño, un período de oscuridad arrojado...
Pequeña ciudad, vieja niña
que me fue tan fiel, a la que fui tan fiel durante tres largos meses;
esquinas de la calle testigos de mis sueños eróticos,
frustraciones y amores vacíos nunca comprendidos;
¿dónde estás ahora, qué haces, aún niegas o te entregas los sábados por la noche?
¿Desprecias a los de ahora, o los envidias y lloras si pasan frente a ti?
Pequeña ciudad, viejos patios,
sueños y dioses primaverales, rimas y fe juvenil, niñas ahora viejas;
lloro y no lamento, tu polvo, tu barro, tus vidas,
tus piedras, el oro y el mármol, las chozas:
tan diferente eres ahora, yo sigo siendo el mismo, siempre diferente,
busco las noches y el fracaso, si muero renazco, hasta que no termine...