Der Trojanische Pferdedieb (2. Teil)
Der Vater erschlug den Hund, versehentlich, beim Streicheln.
Der Bruder Dieb empfand nichts, kaum etwas, Schadenfreude.
Nie will ich der Wind sein, sagte er sich,
der Fahnen zum Knattern bringt.
Der Helm seines Zeitanzugs beschlug von innen.
Göttliche Kassandra, schrieb er aus einem sedierten Jahrhundert,
einmal geliebt zu haben, ist fast mehr, als man erwarten darf,
und dann auch noch dich.
So könnte es irgends gewesen sein,
am Ende des Tages nicht.
Dort tranken die Gratulanten allein,
der Jubilar versalzte den Wein,
ich seh es an deinem Gesicht.
Sie stachen ihm Streichhölzer in die Augen,
zündeten sie an.
Sie nagelten ihm Telefone an die Ohren,
rote Telefone, Standleitungen zum Hades.
Sie klammerten Ertrinkende an jedes einzelne seiner Haare,
hängten ihn nackt kopfunter als Klöppel in sämtliche Glocken
Edgar Allan Poes, er verriet kein Sterbenswort.
Darauf hatten sie es auch nicht abgesehen.
Und sie nannten ihn nur, wie er selbst unterschrieb:
Trojanischer Pferdedieb.
El ladrón del caballo de Troya (Parte 2)
El padre mató al perro accidentalmente al acariciarlo.
El hermano ladrón no sintió casi nada de alegría maliciosa.
Nunca seré el viento, se dijo a sí mismo,
que ondea las banderas.
El casco de su traje de época se empañó por dentro.
La divina Casandra, escribió desde un siglo sedado,
haber amado alguna vez es casi más de lo que se puede esperar,
y luego también a ti.
Así podría haber sido en algún lugar,
al final del día no.
Allí los felicitadores bebieron solos,
el homenajeado arruinó el vino,
lo veo en tu rostro.
Le clavaron fósforos en los ojos,
los encendieron.
Le pusieron teléfonos en las orejas,
teléfonos rojos, líneas directas al Hades.
Sujetaron a los ahogados a cada uno de sus cabellos,
lo colgaron desnudo cabeza abajo como badajo en todas las campanas
Edgar Allan Poe, no reveló ni una palabra de su muerte.
Tampoco era eso lo que buscaban.
Y solo lo llamaron como él mismo firmaba:
Ladrón del caballo de Troya.