Tohuwabohu
So wie man Ende der 60er Jahre
eben Helga hieß, wenn man als Mädchen
oben mitspielen wollte ... aber
ich war ja nicht mal ein Mädchen.
Ich korrigierte das Ende des Zweiten Weltkriegs,
mein böser Onkel trank Asbach,
kotzte vom Balkon und sah Studentinnen nach,
mit Blumen im Haar.
Ich saß zwischen Hundegebirgen in karierten Gärten,
spielte Wandergitarre, wie im CVJM gelernt,
und konnte mich nicht entscheiden
zwischen Reinhard Mey und Kick Out The Jams, Motherfuckers.
Tohuwabohu.
Mitten in der Mathestunde
entdeckten sie, ich brauchte eine Brille.
Von GRZIMEKS TIERLEBEN lernte ich Onanieren.
In nichts war ich gut,
außer in Angst,
das kann man nicht lernen,
das hat man.
Hätte ich mit Vierzehn gewußt, in welche
Raserei mich heute Unordnung bringt,
ich hätte mir die Pulsadern aufgebissen.
Mein bester Freund verließ mich für meine erste Freundin.
Einen langen Moment war ich sicher,
das sei nicht wieder gutzumachen.
Er dauert noch an.
Tohuwabohu.
Im Unterricht hob ich meine häßlichen Pullis bis an die Brustwarzen
("Sei ganz ruhig! Du bist unter Feinden!"),
der Lehrer fragte
PROBLEME MIT DER UNTERWÄSCHE?
Seit damals schiebt wieder und wieder
der gräßliche Zwilling die Kennkarte quer in meinen Kopf
und reißt mir die lächelnden Mundwinkel blutig,
verläßt mich niemals ganz der Wunsch
nach hunderteinunddreißig Tagen
Koma.
Tohuwabohu.
Tohuwabohu
Así como a finales de los años 60
llamarse Helga era lo que se necesitaba
para ser aceptada como chica... pero
yo ni siquiera era una chica.
Corregí el final de la Segunda Guerra Mundial,
mi malvado tío bebía Asbach,
vomitaba desde el balcón y miraba a las universitarias,
con flores en el cabello.
Me sentaba entre montañas de perros en jardines a cuadros,
tocaba la guitarra como aprendí en el CVJM,
y no podía decidirme
entre Reinhard Mey y Kick Out The Jams, Hijos de puta.
Tohuwabohu.
En medio de la clase de matemáticas
descubrieron que necesitaba anteojos.
De la VIDA ANIMAL DE GRZIMEK aprendí a masturbarme.
No era buena en nada,
salvo en el miedo,
eso no se aprende,
se tiene.
Si a los catorce años hubiera sabido en qué
caos me sumiría hoy el desorden,
me habría mordido las venas.
Mi mejor amigo me dejó por mi primera novia.
Por un largo momento estuve segura
de que eso no se podía arreglar.
Aún perdura.
Tohuwabohu.
En clase subía mis suéteres feos hasta los pezones
("¡Mantente tranquila! ¡Estás entre enemigos!"),
el profesor preguntaba
¿PROBLEMAS CON LA ROPA INTERIOR?
Desde entonces una y otra vez
el gemelo repugnante empuja la tarjeta de identificación en mi cabeza
y me desgarra las comisuras de la boca sonriente,
nunca desaparece del todo el deseo
de ciento treinta días
en coma.
Tohuwabohu.