Versos de baile
En el año mil novecientos veinte
fue en el primer año
en el catorce de mayo
en el día dieciséis
en el pueblo de Orio
al borde del barranco,
se presentó de repente
un baile sin igual.
Aunque era grande
iba rápido en el baile,
vuelta tras vuelta
iban y venían,
con la ola emocionada
bajando por el arroyo,
con los bolsillos llenos
y con ganas de gastar.
Cuando lo vieron
así bailando,
se fueron a buscarlo
los trenes;
arpías y dinamita
y montones de sogas,
para traer la suerte
y no matar a la gente.
Cinco trenes se fueron
con el patrón,
los chicos ágiles y valientes
todos juntos:
Manuel Olaizola
y Loidi.
Uranga, Atxaga y
Manterola.
Los saltos y las caídas
hechas por los bailes
eran tremendas
y asustaban;
sin retroceder
ante los peligros de allí,
con arpías mataron,
allí estaban los de allí.
Cinco botes estaban
en medio del baile,
los hombres hicieron
lo que querían;
cuando lo vieron
muerto o herido,
en la arena estaba
vivo y coleando.
Doce metros de largo,
rojo con diez franjas anchas,
con la pala de cuatro anchas
y la pala de dos al mediodía,
los pies con zapatos
otras dos filas de muertos
como en la orilla
los tenían bien.
Cosas sorprendentes
algunos días,
junto al pueblo
estaba el arranplan,
incluso desde lejos
la gente venía,
mil pesetas
se recogieron.
Mil cuerpos y
ciento veinte rojos.
Otros ciento feos
y tripas vacías,
poco comieron
nada perdieron,
en seis pesetas de tinte
fue vendido.
Ciento veinte duros
en el baile,
se vendieron agudos
sus cinturones,
lavados y guardados
tienen los huesos,
con grandes cuentas
gruesos y redondos.
Lo que he contado
a favor de la verdad,
si no es así
pregúntale a la gente;
estamos contentos
con el corazón en la mano,
arices arriba
sin decir una palabra.