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El vestido de novia lo llevó en mayo

Hildegard Knef

Das Brautkleid trug sie zur Maienzeit

Das Brautkleid trug sie zur Maienzeit
ein Ulanenleutnant hat sie befreit;
stolz weht sein Schnurrbart im Morgenwind
und man schrieb achtzehnhundertundsiebzig

Und das Lied von dem braven Mann
klang so schön und hat doch so weh getan;
Nur ein Bild, in Gold gerahmt,
blieb von ihm achtzehneinundsiebzig

Die nächste wurde Soldatenfrau
auch ihr Kleid war weiß, doch sein Rock war grau;
Man sprach von stolzer und ernster Zeit
und man schrieb neunzehnhundertundvierzehn

Sie gab ihn für das Vaterland
hieß der Dank der auf seinem Grabstein stand;
Sie weinte bei Marschmusik
und das war neunzehnhundertundachtzehn

Nun nahm die Tochter den gold'nen Ring
als was jüngst vergangen von vorn anfing;
Die alten Wunden war'n kaum verheilt
neunzehnhundertundneununddreißig

Und der Schnitter hieß wieder Tod
immer größer wurde sein Aufgebot;
Diesmal weinte die ganze Welt,
neunzehnhundertundfünfundvierzig

Verbrannte Erde im ersten Grün
sah uns hoffnungsfroh in die Zukunft zieh'n;
Es war ein Wunder, was uns geschah
in den Jahren die nachher kamen

Macht, dass dieses Wunder bleibt
jedes Jahr, das uns der Kalender schreibt;
Und diese Geschichte bleibt
dann ein Lied aus vergangenen Zeiten

El vestido de novia lo llevó en mayo

El vestido de novia lo llevó en mayo
un teniente de ulanos la liberó;
orgulloso ondea su bigote en el viento de la mañana
y se escribió mil ochocientos setenta y dos

Y la canción del valiente hombre
sonaba tan hermosa y sin embargo dolía tanto;
solo una imagen, enmarcada en oro,
quedó de él en mil ochocientos setenta y dos

La siguiente se convirtió en esposa de soldado
su vestido también era blanco, pero su falda era gris;
se hablaba de tiempos orgullosos y serios
y se escribió mil novecientos catorce

Ella lo dio por la patria
fue el agradecimiento que estaba en su lápida;
ellla lloraba con la música de marcha
y eso fue en mil novecientos dieciocho

Ahora la hija tomó el anillo de oro
como si lo reciente volviera a empezar desde el principio;
las viejas heridas apenas estaban curadas
en mil novecientos treinta y nueve

Y el segador volvió a llamarse muerte
su lista de víctimas crecía cada vez más;
esta vez lloró el mundo entero,
en mil novecientos cuarenta y cinco

Tierra quemada en el primer verdor
nos vio avanzar hacia el futuro con esperanza;
fue un milagro lo que nos sucedió
en los años que vinieron después

Hagan que este milagro perdure
cada año que el calendario nos escriba;
y esta historia perdurará
como una canción de tiempos pasados

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