Berlin Viii
Schornsteine stehn in großem Zwischenraum
Im Wintertag, und tragen seine Last,
Des schwarzen Himmels dunkelnden Palast.
Wie goldne Stufe brennt sein niedrer Saum.
Fern zwischen kahlen Bäumen, manchem Haus,
Zäunen und Schuppen, wo die Weltstadt ebbt,
Und auf vereisten Schienen mühsam schleppt
Ein langer Güterzug sich schwer hinaus.
Ein Armenkirchhof ragt, schwarz, Stein an Stein,
Die Toten schaun den roten Untergang
Aus ihrem Loch. Er schmeckt wie starker Wein.
Sie sitzen strickend an der Wand entlang,
Mtzen aus Ruß dem nackten Schläfenbein,
Zur Marseillaise, dem alten Sturmgesang.
Berlín Viii
Chimeneas se alzan en gran espacio intermedio
En el día de invierno, y llevan su carga,
Del palacio oscurecido del cielo negro.
Como escalón dorado arde su borde bajo.
Lejos entre árboles pelados, muchas casas,
Vallas y cobertizos, donde la metrópoli fluye,
Y sobre rieles helados arrastra laboriosamente
Un largo tren de carga pesadamente hacia afuera.
Un cementerio de pobres se yergue, negro, piedra sobre piedra,
Los muertos observan la puesta de sol roja
Desde su agujero. Sabe a vino fuerte.
Se sientan tejiendo a lo largo de la pared,
Gorros de hollín en la desnuda sien,
Al himno de Marsellesa, la antigua canción de tormenta.