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Los Locos

Konstantin Wecker

Die Irren

Wenn die Irren manchmal nachmittags im Park spazierengehn,
kann man sie in Zweierreihen händchenhaltend hüpfen sehn.
Spielen Maulwurf, spielen Heuschreck, spielen Haschmich, Haschemann,
und sie tupfen sich mit dürren, weißen Irrenfingern an.

Wenn die Irren in der Sonne liegen,
fühln sie ihre Körper durch die Luft fliegen.

Wenn die Irren manchmal nachmittags im Park spazierengehn,
kann man ihre langen Beine durch die Gräser stapfen sehn
Dann befühlen sie sich, heben ab und zu einmal ein Bein,
kauen Gras und feuchte Erde, lallen einen Abzählreim

Zweimal zwei ist drei,
dreimal drei schon einerlei.

Und dann machen sie ein Echo, singen von der Lorelei,
und es zieht an ihren Händen eine ganze Welt vorbei,
und sie fangen ihren Schatten, hängen ihm ein Kettchen um,
beißen auf sehr weichen platten, bunten Kieselsteinen rum.

Zweimal zwei ist drei,
dreimal drei schon einerlei.

Und dann spieln sie Wilder Reiter, manche liegen auch nur da,
denen spinnt sich eine kleine schwarze Kreuzspinne ins Haar.
Manche scharren, manche höhnen, pflastern sich ein Rätsel stumm,
manche stehn wie eine frühchristliche Säule schön herum.

Wenn die Irren in der Sonne stehn,
kann man ihre wunderschönen weißen Körper sehn.

Wenn die Irren dann am Abend dämmern und nach Hause gehn,
kann man neben jedem Irren einen andern Irren sehn.
An der Seite stehen Männer, groß und fett, die kauen stumm
auf der Zunge und an einem Zigarettenstummel rum.

Wenn die Irren aus der Sonne gehn,
kann man endlich wieder seinen eignen Schatten sehn.

Und der Park ist so wie früher, nächtlich schwarz und unverwirrt,
nur ein Irrer blieb zurück. Hat sich im Gehölz verirrt.
Manchmal hört man ihn von weitem, wenn man dort spazierengeht,
seine Schreie, hört sein Klagen, das dann dumpf wird und verweht.

Zweimal zwei ist drei,
dreimal drei schon einerlei.

Los Locos

Cuando los locos a veces por la tarde pasean en el parque,
se les puede ver saltar tomados de la mano en filas de a dos.
Juegan a topo, juegan a saltamontes, juegan a atraparse, hombre y mujer,
y se tocan con sus secos y blancos dedos de locos.

Cuando los locos se recuestan al sol,
sienten sus cuerpos volar por el aire.

Cuando los locos a veces por la tarde pasean en el parque,
se les puede ver sus largas piernas pisar entre las hierbas.
Luego se tocan, levantan una pierna de vez en cuando,
mastican hierba y tierra húmeda, balbucean una canción de contar.

Dos por dos son tres,
tres por tres ya es lo mismo.

Y luego hacen un eco, cantan sobre la Lorelei,
y una entera mundo pasa frente a sus manos,
y atrapan sus sombras, les ponen un collar,
muerden suavemente piedras planas y coloridas.

Dos por dos son tres,
tres por tres ya es lo mismo.

Y luego juegan a Jinetes Salvajes, algunos simplemente yacen allí,
a algunos les teje una pequeña araña negra en el cabello.
Algunos escarban, algunos se burlan, se enmudecen con un acertijo,
algunos se paran como una columna cristiana primitiva.

Cuando los locos están de pie al sol,
se pueden ver sus hermosos cuerpos blancos.

Cuando los locos al atardecer se van a casa,
puedes ver a otro loco junto a cada uno de ellos.
A su lado hay hombres altos y gordos, masticando en silencio
en la lengua y jugando con una colilla de cigarrillo.

Cuando los locos se alejan del sol,
al fin puedes ver tu propia sombra de nuevo.

Y el parque es como antes, negro y sin confusiones de noche,
solo un loco se quedó atrás. Se ha perdido entre los arbustos.
A veces se le escucha a lo lejos, cuando paseas por allí,
se oyen sus gritos, se escucha su lamento, que luego se vuelve sordo y se desvanece.

Dos por dos son tres,
tres por tres ya es lo mismo.

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