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La Balada de los Ahorcados

Bernard Lavilliers

La Ballade Des Pendus

Frères humains, qui après nous vivez
N'ayez les coeurs contre nous endurcis
Car, si pitié pour nous pauvres avez
Dieu en aura plus tôt de vous mercis
Vous nous voyez ci accrochés, cinq, six
Quant à la chair, que trop avons nourrie
Elle est piéça dévorée et pourrie
Et nous, les os, devenons cendre et poudre
De notre mal personne ne s'en rie
Mais priez Dieu que tous nous veuille absoudre

Si frères vous clamons, point n'en devez
Avoir dédain, quoique fûmes occis
Par justice. Toutefois, vous savez
Que tous hommes n'ont pas le sens rassis
Excusez-nous, puisque sommes transis
Envers le fils de la Vierge Marie
Que sa grâce ne soit pour nous tarie
Nous préservant de l'infernale foudre
Nous sommes morts, âme ne nous harie
Mais priez Dieu que tous nous veuille absoudre

La pluie nous a débués et lavés
Et le Soleil desséchés et noircis
Pies, corbeaux nous ont les yeux cavés
Et arraché la barbe et les sourcils
Jamais nul temps nous ne sommes assis
Puis çà, puis là, comme le vent varie
À son plaisir sans cesser nous charrie
Plus becquetés d'oiseaux que dés à coudre
Ne soyez donc de notre confrérie
Mais priez Dieu que tous nous veuille absoudre

Prince Jésus, qui sur tous a maîstrie
Garde qu'Enfer n'ait de nous seigneurie
À lui n'ayons que faire ni que soudre
Hommes, ici n'a point de moquerie
Mais priez Dieu que tous nous veuille absoudre

La Balada de los Ahorcados

Hermanos humanos, que después de nosotros vivan
No endurezcan sus corazones contra nosotros
Porque, si piedad por nosotros pobres tienen
Dios pronto tendrá más de ustedes gracias
Nos ven aquí colgados, cinco, seis
En cuanto a la carne, que tanto alimentamos
Ya está devorada y podrida
Y nosotros, los huesos, nos volvemos ceniza y polvo
De nuestro mal nadie se ríe
Pero recen a Dios que todos nos quiera absolver

Si hermanos les clamamos, no deben
Tener desdén, aunque hayamos sido asesinados
Por justicia. Sin embargo, saben
Que todos los hombres no tienen el sentido sereno
Discúlpenos, pues estamos helados
Hacia el hijo de la Virgen María
Que su gracia no se agote para nosotros
Preservándonos del rayo infernal
Estamos muertos, el alma no nos atormente
Pero recen a Dios que todos nos quiera absolver

La lluvia nos ha desnudado y lavado
Y el sol nos ha secado y ennegrecido
Las urracas, los cuervos nos han cavado los ojos
Y arrancado la barba y las cejas
Nunca en ningún momento hemos estado sentados
Aquí y allá, como el viento varía
A su placer sin cesar nos arrastra
Más picoteados por aves que agujas de coser
No sean, por lo tanto, de nuestra hermandad
Pero recen a Dios que todos nos quiera absolver

Príncipe Jesús, que sobre todos tiene dominio
Guarda que el Infierno no tenga señorío sobre nosotros
A él no le debemos nada ni que resolver
Hombres, aquí no hay burla
Pero recen a Dios que todos nos quiera absolver

Escrita por: Bernard Lavilliers