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El Señor Adonis

Vicky Leandros

Der Herr Adonis

Der Herr Adonis war schon alt
und lebte ganz allein,
er hatte wenig, nur ein paar Kisten
und eine Kanne Wein.
Ich seh' noch den verbeulten Hut,
sein ungekämmtes Haar.
Wir waren Kinder,
doch ich weiss heut' noch,
wie schön es damals war.

Ach, Herr Adonis, wer kann vergessen,
wie wir immer bei dir gesessen,
wie du uns Geschichten erzähltest,
aus längst vergang'ner Zeit?
Ach, Herr Adonis, wie wir dich liebten,
und so manches Lied mit dir übten,
fröhlich waren und nie etwas wussten
von deiner Einsamkeit.

Die Nacht, die war sein bester Freund,
still war's in seinem Raum.
Und alles, was er nie wirklich erlebte,
lebte er dann im Traum.
Doch Morgens flogen sie davon,
die schönen Fantasien.
Dann war er traurig und nur die Kinder
waren ein Trost für ihn.

Ach, Herr Adonis, wer kann vergessen,
wie wir immer bei dir gesessen,
wie du uns Geschichten erzähltest,
aus längst vergang'ner Zeit?
Ach, Herr Adonis, wie wir dich liebten,
und so manches Lied mit dir übten,
fröhlich waren und nie etwas wussten
von deiner Einsamkeit.

Doch eines Abends schloss er
und legte sich zur Ruh'.
Morgens die Kinder warteten lange,
doch seine Tür blieb zu.
Der Herr Adonis kam nie mehr,
trank seinen letzten Wein,
wer wollte schlafen, wollte für immer
in seinen Träumen sein.

El Señor Adonis

El Señor Adonis ya era mayor
y vivía completamente solo,
tenía poco, solo unas cuantas cajas
y una jarra de vino.
Aún veo su sombrero abollado,
su cabello despeinado.
Éramos niños,
pero aún recuerdo
lo hermoso que era todo en aquel entonces.

Oh, Señor Adonis, ¿quién puede olvidar
cómo siempre estábamos contigo,
cómo nos contabas historias
de tiempos pasados?
Oh, Señor Adonis, cómo te queríamos,
y practicábamos tantas canciones contigo,
éramos felices y nunca supimos
de tu soledad.

La noche era su mejor amiga,
todo estaba en silencio en su habitación.
Y todo lo que nunca vivió realmente,
lo vivía en sus sueños.
Pero por la mañana se iban volando,
las hermosas fantasías.
Entonces él estaba triste y solo los niños
eran un consuelo para él.

Oh, Señor Adonis, ¿quién puede olvidar
cómo siempre estábamos contigo,
cómo nos contabas historias
de tiempos pasados?
Oh, Señor Adonis, cómo te queríamos,
y practicábamos tantas canciones contigo,
érmaos felices y nunca supimos
de tu soledad.

Pero una noche cerró los ojos
y se acostó a descansar.
Por la mañana los niños esperaron mucho tiempo,
pero su puerta permaneció cerrada.
El Señor Adonis nunca regresó,
tomó su último trago de vino,
quien quería dormir, quería estar para siempre
en sus sueños.

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