395px

Caminos de Agosto

Lisandro Amaral

Caminhos de Agosto

(Milonga)

Marugadita friolenta,
Ponchito que o agosto tece,
Pelo orvalho das canhadas
O resto da cavalhada,

Então acha o que lhe falta
Sobra menos pra campear,
O resto o tino alcança
Pelo jeito de olhar.

Depois o mate do estribo,
E as aves emplumadas,
Se adentram nas invernadas
Rastreando o serenal,

Vão recolhendo horizontes,
Esparramando gargantas,
Pelo grito até levantam
As nesgas de serração

Vão troteando nestes fletes,
Alarmando a sesmaria
Coração de campeirito
E filho destas estâncias,

Amante da montaria,
Sabe que Deus algum dia,
Lhe regala algum cantito
Pra ajeita sua tropilha.

E o mourito cor de prata
Relíquia do capataz,
Vai troteando e é ligeiro
Com força de milharal,

Se atira e até se nega
Nervura masrcando o pelo,
Parece que parte ao meio
A terra negra onde passa.

Um tordilho oriental,
Uma tronqueira, sustenta,
Pecha o boi pela paleta,
Facilita ate se quebra,

E um rosilho de guerra
De encantar comandante,
Quando cincha é um palanque
Enraizado na terra

No más é só solidão
Nestes campos, nestas várzeas,
Cada sombreado de mato,
Cada canto, cada aguada,

Lhe resta esperar a noite
E o luzeiro das estrelas,
Imaginando seus olhos
Na constelação mais bela

Caminos de Agosto

(Milonga)

Marugadita con frío,
Ponchito que agosto teje,
Por el rocío de los cañaverales,
El resto de la caballada,

Entonces encuentra lo que le falta,
Sobra menos para recorrer,
El resto lo alcanza el instinto,
Por la forma de mirar.

Después el mate del estribo,
Y las aves emplumadas,
Se adentran en los invernaderos,
Rastreando el rocío,

Van recogiendo horizontes,
Desplegando gargantas,
Con su grito incluso levantan,
Las franjas de neblina.

Van trotando en estos viajes,
Alarmando a la estancia,
Corazón de campesino,
E hijo de estas estancias,

Amante de la montura,
Sabe que Dios algún día,
Le regalará alguna canción,
Para arreglar su tropilla.

Y el morito color de plata,
Reliquia del capataz,
Va trotando y es ligero,
Con fuerza de milharal,

Se lanza y hasta se niega,
Nervio marcando el pelaje,
Parece que parte en dos,
La tierra negra por donde pasa.

Un tordillo oriental,
Un freno, sostiene,
Engancha al toro por el hombro,
Facilita hasta quebrarse,

Y un rosillo de guerra,
De encantar comandante,
Cuando cincha es un palenque,
Enraizado en la tierra.

Ya solo queda la soledad,
En estos campos, en estas llanuras,
Cada sombra de arbusto,
Cada rincón, cada aguada,

Le queda esperar la noche,
Y el resplandor de las estrellas,
Imaginando sus ojos,
En la constelación más bella.

Escrita por: Marcello Caminha / Xiru Antunes