Ritual de Fronteira
E há quem diga
Que a lida do campo não é mais a mesma
Que os tiros de laço somente restaram pra
Historia do pampa
E não são mais a estampa da vida rural
Que os homens terrunhos de vozes serenas
Não são mais torenas no trono dos bastos
Que a base de cascos não se faz mais nada
E que a terra plantada não vale um real
Por certo não sabe que lá na fronteira
A fibra campeira é o retrato do pago
Que gosto do amargo é o mesmo de outrora
E que a pua da espora ainda amansa baguais
Que tiros de laço se acha por farra
Sobre lombo, cucharra, ou do jeito que queira
Manhãs fogoneiras de pingo encilhado
Com o cacho quebrado no velho ritual
Que os homens terrunhos de vozes serenas
Ainda são os torenas no sul do país
E se vivem no campo e charlam com calma
É por terem na alma este mundo feliz
Mas há quem diga
Que a lida no campo não é mais a mesma
Que os homens terrunhos de vozes serenas
Não são mais torenas e que a terra plantada
Não vale um real
Ritual de Frontera
Y hay quienes dicen
Que el trabajo en el campo ya no es el mismo
Que los tiros de lazo solo quedaron para
La historia de la pampa
Y ya no son el retrato de la vida rural
Que los hombres de tierra con voces serenas
Ya no son torenas en el trono de los bastos
Que la base de cascos ya no sirve de nada
Y que la tierra plantada no vale un real
Seguramente no saben que allá en la frontera
La fibra campera es el reflejo del pago
Que el gusto por lo amargo es el mismo de antes
Y que la púa de la espuela aún doma baguales
Que los tiros de lazo se encuentran por diversión
Sobre el lomo, la cucharra, o como se quiera
Mañanas fogoneras de caballo ensillado
Con el cacho quebrado en el viejo ritual
Que los hombres de tierra con voces serenas
Siguen siendo los torenas en el sur del país
Y si viven en el campo y charlan con calma
Es porque tienen en el alma este mundo feliz
Pero hay quienes dicen
Que el trabajo en el campo ya no es el mismo
Que los hombres de tierra con voces serenas
Ya no son torenas y que la tierra plantada
No vale un real
Escrita por: Márcio Rosado / Rogério Ávila