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Llenando los Ojos de Campo

Luiz Marenco

Enchendo os Olhos de Campo

Manhãzita de maio e notícias do céu desabam nas casa
Um Angico nas brasas consome sem pressa seu cerno de lei
O meu cusco Ovelheiro fareja o suor da xerga estendida
Que descansa da lida e do lombo do Baio, seu trono de rei

Outro ronco de mate quebrava o murmúrio da chuva nas telhas
E o baeta vermelha, aberto em suas asas, pingava no chão
Imitando um Sol posto, largava de pouco a luz da janela
Empurrando a cancela, um ventito minuano assobiava no oitão

Pelo olhar da janela, a vista perdia-se pelo campo vasto
Verdejando o pasto, coxilha e canhada até a beira do rio
Um mangueirão grande, guardando um silêncio, dormido de pedras
E uma estrada de léguas são partes da história de alguém que partiu

Partiram pra longe, feito tantos do campo, feito cantos dos seus
Que, por conta de Deus e à procura demais, encilharam cavalos
E rumaram pra sempre, deixando o galpão, saudade de um mate
Pra, depois, noutro embate, pelear por seu sonho e, talvez, encontrá-lo

Hoje, abro a janela e pergunto pro tempo: Por onde andarão?
Os que, aquí no galpão, cevaram amargos por conta da lida
E estenderam seus ponchos, baetas vermelhas de almas lavadas
Onde, em léguas de estradas, na calma das tropas, prosearam a vida

Só o silêncio das pedras e a água da chuva que encharca a mangueira
E uma dor costumeira, saudosa do tempo, me fazem costado
Vejo o Angico nas cinzas e o cusco Ovelheiro deitado num canto
Encho os olhos de campo, de água e saudade, lembrando o passado
Vejo o Angico nas cinzas e o cusco Ovelheiro deitado num canto
Encho os olhos de campo, de água e saudade, lembrando o passado

Manhãzita de maio, manhãzita de maio

Llenando los Ojos de Campo

Mañanita de mayo y noticias del cielo caen en la casa
Un Angico en las brasas consume sin prisa su cerno de ley
Mi perro Ovelheiro huele el sudor de la manta extendida
Que descansa del trabajo y del lomo del Baio, su trono de rey

Otro ronco de mate rompía el murmullo de la lluvia en los techos
Y el baeta roja, abierta en sus alas, goteaba en el suelo
Imitando un sol puesto, dejaba poco a poco la luz de la ventana
Empujando la cancela, un viento minuano silbaba en el patio

Por la mirada de la ventana, la vista se perdía por el campo vasto
Verdeando el pasto, loma y cañada hasta la orilla del río
Un gran mangueirão, guardando un silencio, dormido de piedras
Y un camino de leguas son partes de la historia de alguien que partió

Partieron lejos, como tantos del campo, como cantos de los suyos
Que, por cuenta de Dios y buscando más, ensillaron caballos
Y se fueron para siempre, dejando el galpón, añoranza de un mate
Para, después, en otro enfrentamiento, pelear por su sueño y, tal vez, hallarlo

Hoy, abro la ventana y le pregunto al tiempo: ¿Por dónde andarán?
Los que, aquí en el galpón, cebaron amargos por cuenta del trabajo
Y extendieron sus ponchos, baetas rojas de almas lavadas
Donde, en leguas de caminos, en la calma de las tropas, charlaron la vida

Solo el silencio de las piedras y el agua de la lluvia que empapa la manguera
Y un dolor habitual, nostálgico del tiempo, me hacen costado
Veo el Angico en las cenizas y al perro Ovelheiro acostado en un rincón
Lleno los ojos de campo, de agua y añoranza, recordando el pasado
Veo el Angico en las cenizas y al perro Ovelheiro acostado en un rincón
Lleno los ojos de campo, de agua y añoranza, recordando el pasado

Mañanita de mayo, mañanita de mayo

Escrita por: Gujo Teixeira / Luiz Marenco / Valério Teixeira