Tambores da Realidade
Tem um profeta na esquina, vendendo verdades por trocados
Seus olhos, gastos, já viram mil anos passados
No jornal de ontem, as mesmas mentiras de sempre
E o vendedor de flores continua sorridente
Enquanto os carros passam, levando sonhos embalados
E os relógios marcam o tempo dos desesperados
Ei, senhor do tempo
Quanto custa uma hora da sua atenção?
Ei, dona da verdade
Quanto vale o preço da sua salvação?
Porque os ventos estão mudando
Mas ninguém tá prestando atenção
E as respostas ainda sopram
Na direção do furacão
O poeta cego da praça central
Enxerga mais longe que a torre da catedral
Suas palavras dançam, como folhas ao vento
Enquanto os sábios pregam seu falso momento
E nas vielas dos subúrbios esquecidos
Os tambores tocam ritmos proibidos
Ei, senhor do tempo
Quanto custa uma hora da sua atenção?
Ei, dona da verdade
Quanto vale o preço da sua salvação?
Porque os ventos estão mudando
Mas ninguém tá prestando atenção
E as respostas ainda sopram
Na direção do furacão
O palhaço triste, pintando sua máscara
Com as cores que sobraram da última catástrofe
Na fila do pão, as crianças ainda cantam
Sobre um futuro que os adultos já não alcançam
E o trem das sete ainda passa, pontual
Levando esperanças pro mesmo final
E quem disse que o circo acabou?
Quando o palco é a própria cidade
Os artistas somos todos nós
Dançando entre a mentira e a verdade
Enquanto os tambores continuam
A contar histórias antigas
De um tempo que ainda não chegou
Mas que todos já esqueceram
O homem do tempo prevê tempestade
Mas só chove dinheiro na outra metade
Da cidade onde os muros são mais altos
E os cachorros têm pedigree de asfalto
Enquanto nas calçadas da realidade
Os profetas continuam vendendo verdade
E as resposta sempre estiverão nos olhos de quem nunca quis saber
Ei, senhor do tempo
Seus minutos estão contados na ampulheta da ilusão
Ei, dona da verdade
Suas mentiras já não cabem na palma da minha mão
Porque os ventos não param de mudar
E agora até os cegos podem ver
Que as respostas sempre estiveram
Nos olhos de quem nunca quis saber
Eu tenho um palhaço triste, pintando sua máscara
Com as cores que sobraram da última catástrofe
Na fila do pão, as crianças ainda cantam
Sobre um futuro que os adultos já não alcançam
E o trem das sete ainda passa, ponto
Tambores de la Realidad
Hay un profeta en la esquina, vendiendo verdades por monedas
Sus ojos, cansados, ya han visto mil años pasados
En el periódico de ayer, las mismas mentiras de siempre
Y el vendedor de flores sigue sonriendo
Mientras los autos pasan, llevando sueños empaquetados
Y los relojes marcan el tiempo de los desesperados
Ey, señor del tiempo
¿Cuánto cuesta una hora de su atención?
Ey, dueña de la verdad
¿Cuánto vale el precio de su salvación?
Porque los vientos están cambiando
Pero nadie está prestando atención
Y las respuestas aún soplan
En dirección al huracán
El poeta ciego de la plaza central
Ve más lejos que la torre de la catedral
Sus palabras bailan, como hojas al viento
Mientras los sabios predican su falso momento
Y en los callejones de los suburbios olvidados
Los tambores tocan ritmos prohibidos
Ey, señor del tiempo
¿Cuánto cuesta una hora de su atención?
Ey, dueña de la verdad
¿Cuánto vale el precio de su salvación?
Porque los vientos están cambiando
Pero nadie está prestando atención
Y las respuestas aún soplan
En dirección al huracán
El payaso triste, pintando su máscara
Con los colores que sobraron de la última catástrofe
En la fila del pan, los niños aún cantan
Sobre un futuro que los adultos ya no alcanzan
Y el tren de las siete aún pasa, puntual
Llevando esperanzas hacia el mismo final
¿Y quién dijo que el circo se acabó?
Cuando el escenario es la propia ciudad
Los artistas somos todos nosotros
Bailando entre la mentira y la verdad
Mientras los tambores continúan
Contando historias antiguas
De un tiempo que aún no ha llegado
Pero que todos ya han olvidado
El hombre del tiempo prevé tormenta
Pero solo llueve dinero en la otra mitad
De la ciudad donde los muros son más altos
Y los perros tienen pedigree de asfalto
Mientras en las aceras de la realidad
Los profetas siguen vendiendo verdad
Y las respuestas siempre estarán en los ojos de quienes nunca quisieron saber
Ey, señor del tiempo
Sus minutos están contados en la ampolla de la ilusión
Ey, dueña de la verdad
Sus mentiras ya no caben en la palma de mi mano
Porque los vientos no dejan de cambiar
Y ahora hasta los ciegos pueden ver
Que las respuestas siempre han estado
En los ojos de quienes nunca quisieron saber
Yo tengo un payaso triste, pintando su máscara
Con los colores que sobraron de la última catástrofe
En la fila del pan, los niños aún cantan
Sobre un futuro que los adultos ya no alcanzan
Y el tren de las siete aún pasa, puntual
Escrita por: Marcos Rogério dos Santos