Depois da Morte - Antero de Quental (Espírito)
Apenas dor no mundo inteiro eu via
E tanto a vi, amarga e inconsolável
Que num véu de tristeza impenetrável
Multiplicava as dores que eu sofria
Se vislumbrava o riso da alegria
Fora dessa amargura inalterável
Esse prazer só era decifrável
Sob a ilusão da eterna fantasia
Ao meu olhar de triste e de descrente
Olhar de pensador amargurado
Só existia a dor, ela somente
O gozo era a mentira dum momento
Os prazeres, o engano imaginado
Para aumentar a mágoa e o sofrimento
Misantropo da ciência enganadora
Trazia em mim o anseio irresistível
De conhecer o Deus indefinível
Que era na dor, visão consoladora
Não o via e, no entanto, em toda hora
Nesse anelo cruciante e intraduzível
Podia ver, sentindo o incognoscível
E a sua onisciência criadora
Mas a insídia do orgulho e da descrença
Guiava-me a existência desolada
Recamada de dor profunda e intensa
Pela voz da vaidade, então, eu cria
Achar na morte a escuridão do nada
Nas vastidões da terra úmida e fria
Depois de extravagâncias de teoria
No seio dessa ciência tão volúvel
Sobre o problema trágico, insolúvel
De ver o Deus de amor, de quem descria
Morri, reconhecendo, todavia
Que a morte era um enigma solúvel
Ela era o laço eterno e indissolúvel
Que liga o céu à terra tão sombria!
E por estas regiões onde eu julgava
Habitar a inconsciência e a mesma treva
Que tanta vez os olhos me cegava
Vim, gemendo, encontrar as luzes puras
Da verdade brilhante, que se eleva
Iluminando todas as alturas
Después de la Muerte - Antero de Quental (Espíritu)
Solo veía dolor en todo el mundo
Y lo vi tanto, amargo e inconsolable
Que en un velo de tristeza impenetrable
Multiplicaba los dolores que sufría
Si vislumbraba la risa de la alegría
Fuera de esa amargura inalterable
Ese placer solo era decifrable
Bajo la ilusión de la eterna fantasía
A mi mirada triste y descreída
Mirada de pensador amargado
Solo existía el dolor, solo él
El gozo era la mentira de un momento
Los placeres, el engaño imaginado
Para aumentar la pena y el sufrimiento
Misantrópico de la ciencia engañosa
Llevaba en mí el anhelo irresistible
De conocer al Dios indefinible
Que era en el dolor, visión consoladora
No lo veía y, sin embargo, en todo momento
En ese anhelo cruciante e intraducible
Podía ver, sintiendo lo incognoscible
Y su omnisciencia creadora
Pero la insidia del orgullo y la incredulidad
Guiaban mi existencia desolada
Recamada de dolor profundo e intenso
Por la voz de la vanidad, entonces, creía
Encontrar en la muerte la oscuridad del vacío
En las vastedades de la tierra húmeda y fría
Después de extravagancias de teoría
En el seno de esa ciencia tan voluble
Sobre el problema trágico, insoluble
De ver al Dios de amor, en quien no creía
Morí, reconociendo, sin embargo
Que la muerte era un enigma soluble
Era el lazo eterno e indisoluble
Que une el cielo a la tierra tan sombría
Y por estas regiones donde creía
Habitar la inconsciencia y la misma oscuridad
Que tantas veces me cegaba los ojos
Vine, gimiendo, a encontrar las luces puras
De la verdad brillante, que se eleva
Iluminando todas las alturas