Eterna vítima - Guerra Junqueiro - Maurício Gringo - triodalma
Eterna vítima - Guerra Junqueiro (Espírito)
Na silenciosa paz do cimo do Calvário
Ainda se vê na cruz o Cristo solitário
Vinte séculos de dor, de pranto e de agonia
Represam-se no olhar do Filho de Maria
Abandonado e só na aridez da colina
Sofre infindo martírio a vítima divina
Açoitado, traído e calmo, silencioso
Da Terra ao Céu espraia o seu olhar piedoso
Dois mil anos de dor, e os seus cruéis algozes
Passaram sem cessar como chacais ferozes
Caravanas de reis nos tronos passageiros
Exaltados na voz das trompas dos guerreiros
Os lendários heróis no dorso dos corcéis
Inscrevendo com fogo as máximas das leis
Cavalheiros gentis, valentes brasonados
Nobres de sangue azul nos seus mantos dourados
Viram-no seminu, na cruz, ensangüentado
E puseram-se a rir do louco supliciado!
O Cristo continuou, humilde e silencioso
Espraiando na Terra o seu olhar piedoso
Sábios do tempo antigo abrindo os livros santos
Olharam-no também, partindo como tantos
Artistas e histriões, poetas e trovadores
Castelãs juvenis, turbas de gozadores
Inda vieram; depois, aqueles que em seu nome
Espalharam a treva, o pranto, a guerra e a fome
Desolação e horror, mataram-se os irmãos
Lobos, tigres, chacais, na capa dos cristãos
Contemplaram Jesus no cume da colina
Multiplicando a guerra, as lutas e a chacina
O Mestre prosseguiu, sublime e silencioso
Espraiando na Terra o seu olhar piedoso
E na época atual a caravana estranha
Estaca no sopé da árida montanha
Mas os soberbos reis e césares antigos
Hoje mais nada são que míseros mendigos
Os nobres doutro tempo, agora transformados
Nos párias do amargor, nos grandes desgraçados
Agora vêem, sim, no topo do Calvário
O sacrifício e a dor do eterno visionário
Bradando com furor: – “Socorre-nos Jesus!
Que possamos vencer a dor em nossa cruz
Sorvendo o amaro fel nas dores da aflição
Temos fome de paz e sede de perdão!”
E o Mestre da bondade, o anjo da virtude
Estende o seu perdão cheio de mansuetude
E do cimo da cruz, calmo e silencioso
Consola a multidão com o seu olhar piedoso
Eterna víctima - Guerra Junqueiro - Maurício Gringo - triodalma
Eterna víctima - Guerra Junqueiro (Espírito)
En la silenciosa paz de la cima del Calvario
Aún se ve en la cruz al Cristo solitario
Veinte siglos de dolor, de llanto y agonía
Se represan en la mirada del Hijo de María
Abandonado y solo en la aridez de la colina
Sufre un martirio infinito la víctima divina
Azotado, traicionado y en calma, silencioso
De la Tierra al Cielo extiende su mirada piadosa
Dos mil años de dolor, y sus crueles verdugos
Pasaron sin cesar como chacales feroces
Caravanas de reyes en tronos pasajeros
Exaltados en la voz de las trompetas de los guerreros
Los legendarios héroes en el lomo de los corceles
Inscribiendo con fuego las máximas de las leyes
Caballeros gentiles, valientes blasonados
Nobles de sangre azul en sus mantos dorados
Lo vieron semidesnudo, en la cruz, ensangrentado
¡Y se pusieron a reír del loco supliciado!
Cristo continuó, humilde y silencioso
Extendiendo en la Tierra su mirada piadosa
Sabios de tiempos antiguos abriendo los libros santos
También lo miraron, partiendo como tantos
Artistas y actores, poetas y trovadores
Doncellas jóvenes, turbas de burladores
Aún vinieron; luego, aquellos que en su nombre
Esparcieron la oscuridad, el llanto, la guerra y el hambre
Desolación y horror, se mataron los hermanos
Lobos, tigres, chacales, bajo la capa de los cristianos
Contemplaron a Jesús en la cima de la colina
Multiplicando la guerra, las luchas y la matanza
El Maestro siguió, sublime y silencioso
Extendiendo en la Tierra su mirada piadosa
Y en la época actual la caravana extraña
Se detiene en el pie de la árida montaña
Pero los soberbios reyes y césares antiguos
Hoy no son más que míseros mendigos
Los nobles de otro tiempo, ahora transformados
En parias del amargor, en grandes desgraciados
Ahora ven, sí, en la cima del Calvario
El sacrificio y el dolor del eterno visionario
Gritando con furia: – “¡Socórrenos Jesús!
Que podamos vencer el dolor en nuestra cruz
Bebiendo el amargo hiel en los dolores de la aflicción
¡Tenemos hambre de paz y sed de perdón!”
Y el Maestro de la bondad, el ángel de la virtud
Extiende su perdón lleno de mansedumbre
Y desde la cima de la cruz, en calma y silencioso
Consuela a la multitud con su mirada piadosa
Escrita por: Mauricio Gringo