Miniaturas da Sociedade Elegante - Artur Azevedo (Espírito)
Adriano Gonçalves de Macedo
Homem de cabedais e alma sem siso
Penetrou no seu quarto com um sorriso
Às dez horas da noite, muito a medo
Uma carta de amante, era um segredo
Ia abri-la, e, assim, era preciso
Que a sua esposa, dama de juízo
Não na visse nem mesmo por brinquedo
Dona Corália Augusta Colavida
Estaria nessa hora recolhida?
Levantou a cortina, devagar
Mas, que tragédia após esse perigo
Viu que a esposa beijava um seu amigo
Sobre o divã, da sala de jantar
No belo palacete do Furtado
Palestrava a galante Mariquita
Com um pelintra afetado, assaz catita
Bacharel delambido e enamorado
De sobre a grande cômoda bonita
Toma o moço um livrinho encadernado
Revirando-o nas mãos, interessado
Mas a jovem retoma-o, muito aflita
Esse livro, Antonico, é meu breviário!
Diz inquieta. E ele, cínico e falsário
Arrebata-o às frágeis mãos trementes
Abriu-o. Mais o olhava e mais se ria
Era um compêndio de pornografia
Recamado de quadros indecentes
Dom Castilho, notável latinista
Realizara alentada conferência
Sobre rígido assunto moralista
Protegido dos membros da regência
Foi um sucesso. E a esposa Ana Fulgência
Nele via uma grande alma de artista
Louvando-lhe a utilíssima existência
De homem probo e notável publicista
Que primor de moral! E os companheiros
Escritores, poetas, conselheiros
Foram levar-lhe um abraço camarada
Numa corrida louca, esses senhores
Foram achá-lo em seus trajes menores
No apartamento escuro da criada
Miniaturas de la Sociedad Elegante - Artur Azevedo (Espíritu)
Adriano Gonçalves de Macedo
Hombre de riquezas y alma sin juicio
Entró en su habitación con una sonrisa
A las diez de la noche, muy temeroso
Una carta de amante, era un secreto
Iba a abrirla, y, así, era necesario
Que su esposa, mujer sensata
No la viera ni siquiera por diversión
Doña Coralia Augusta Colavida
¿Estaría en ese momento recogida?
Levantó la cortina, lentamente
Pero, ¡qué tragedia después de ese peligro!
Vio que la esposa besaba a un amigo
Sobre el sofá, en la sala de estar
En la hermosa mansión de Furtado
Charlaba la galante Mariquita
Con un pícaro afectado, bastante elegante
Bachiller engreído y enamorado
Desde la gran cómoda bonita
El joven toma un librito encuadernado
Hojeándolo con interés
Pero la joven lo retoma, muy afligida
¡Este libro, Antonico, es mi breviario!
Dice inquieta. Y él, cínico y farsante
Se lo arrebata de las frágiles manos temblorosas
Lo abrió. Cuanto más lo miraba, más se reía
Era un compendio de pornografía
Adornado con cuadros indecentes
Don Castilho, notable latinista
Realizó una conferencia sustanciosa
Sobre un tema moralista riguroso
Protegido por los miembros de la regencia
Fue un éxito. Y la esposa Ana Fulgencia
En él veía una gran alma de artista
Alabando su existencia muy útil
Como hombre íntegro y notable publicista
¡Qué primor de moral! Y los compañeros
Escritores, poetas, consejeros
Fueron a llevarle un abrazo camarada
En una carrera loca, estos señores
Fueron a encontrarlo en sus ropas menores
En el oscuro apartamento de la criada
Escrita por: Mauricio Gringo