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Voz del Infinito - Augusto dos Anjos (Espíritu)

Maurício Gringo

Voz do Infinito - Augusto dos Anjos (Espírito)

No excêntrico labor das minhas normas
Na Terra, muita vez me consumia
Perquirindo nas leis da Biologia
As expressões orgânicas das formas

O fenômeno apenas, porque o fundo
Do númeno às eternas rutilâncias
Eram partes do Todo nas Substâncias
Desde o estado prodrômico do mundo

Com o espírito absconso em paroxismos
No rubro incêndio de batalha acesa
Via Deus adstrito à Natureza
Deus era a lei de eternos transformismos

Concepção panteística, englobando
As substâncias todas na Unidade
Perpetuando-se em continuidade
A essência onicriadora reformando

O corpo, desde o embrião inicial
Era um mero atavismo revivendo
A alma era a molécula, sofrendo
Afastada do Todo Universal

Dominava-me todo o medo horrível
Do meu viver, que eu via transtornado
Eu era um átomo individuado
Em cerebralidade putrescível

A luz dessa dourada ignorância
E com certezas lógicas, numéricas
Notava as pestilências cadavéricas
Iguais à carne Angélica da infância

A sutilez do arminho que se veste
A coroa aromática das flores
Irmanadas aos pútridos fedores
De emanações pestíferas da peste!

Extravagância e excesso jamais visto
De ideia que esteriliza e desensina
Loucura que igualava Messalina
À pureza lirial da Mãe do Cristo

Assim vivi na presunção que via
Dos cumes da Ciência e do saber
Os princípios genéricos do ser
No pantanal da lama em que eu vivia

Vi, porém, a matéria apodrecer
E na individualidade indivisível
Ouvi a voz esplêndida e terrível
Da luz, na luz etérica a dizer

Louco, que emerges de apodrecimentos
Alma pobre, esquelético fantasma
Que gastaste a energia do teu plasma
Em combates estéreis, famulentos

Em teus dias inúteis, foste apenas
Um corvo ou sanguessuga de defuntos
Vendo somente a cárie dos conjuntos
Entre as sombras das lágrimas terrenas

Vias os teus iguais, iguais aos odres
Onde se guarda o fragmento imundo
De todo o esterco que apavora o mundo
E os tóxicos letais dos corpos podres

E tanto viste os corpos e as matérias
No esterquilínio generalizados
E os instintos hidrófobos, danados
Em meio de excrescências e misérias

Que corrompeste a íntima saúde
Da tua alma cegada de amargores
Que na Terra não viu os esplendores
E as ignívomas luzes da virtude

Olhos cegos às chamas da bondade
De Deus e à divina misericórdia
Que espalha o bem e as auras da concórdia
No coração de toda a Humanidade

Descansa, agora, vibrião das ruínas
Esquece o verme, as carnes, os estrumes
Retempera-te em meio dos perfumes
Cantando a luz das amplidões divinas

Calou-se a voz. E sufocando gritos
Filhos do pranto que me espedaçava
Reconheci que a vida continuava
Infinita, em eternos infinitos!

Voz del Infinito - Augusto dos Anjos (Espíritu)

En la excéntrica labor de mis normas
En la Tierra, a menudo me consumía
Indagando en las leyes de la Biología
Las expresiones orgánicas de las formas

El fenómeno solo, porque el fondo
Del numen a las eternas resplandecencias
Eran partes del Todo en las Sustancias
Desde el estado prodrómico del mundo

Con el espíritu absorto en paroxismos
En el rojo incendio de batalla encendida
Veía a Dios unido a la Naturaleza
Dios era la ley de eternos transformismos

Concepción panteísta, abarcando
Todas las sustancias en la Unidad
Perpetuándose en continuidad
La esencia creadora reformando

El cuerpo, desde el embrión inicial
Era un mero atavismo reviviendo
El alma era la molécula, sufriendo
Alejada del Todo Universal

Me dominaba todo el miedo horrible
De mi vivir, que veía trastornado
Yo era un átomo individualizado
En cerebralidad putrefacta

La luz de esta dorada ignorancia
Y con certezas lógicas, numéricas
Notaba las pestilencias cadavéricas
Iguales a la carne angélica de la infancia

La sutileza del armiño que se viste
La corona aromática de las flores
Hermanadas a los pútridos olores
De emanaciones pestilentes de la peste!

Extravagancia y exceso jamás vistos
De idea que esteriliza y desenseña
Locura que igualaba a Messalina
A la pureza lírica de la Madre de Cristo

Así viví en la presunción que veía
De las cumbres de la Ciencia y del saber
Los principios genéricos del ser
En el pantano del lodo en que vivía

Vi, sin embargo, la materia pudrirse
Y en la individualidad indivisible
Oí la voz espléndida y terrible
De la luz, en la luz etérea diciendo

¡Loco, que emerges de putrefacciones
Alma pobre, esquelético fantasma
Que gastaste la energía de tu plasma
En combates estériles, hambrientos

En tus días inútiles, fuiste solo
Un cuervo o sanguijuela de difuntos
Viendo solo la caries de los conjuntos
Entre las sombras de las lágrimas terrenales

Veías a tus iguales, iguales a odres
Donde se guarda el fragmento inmundo
De todo el estiércol que aterra al mundo
Y los tóxicos letales de los cuerpos podridos

Y tanto viste los cuerpos y las materias
En el estercolero generalizados
Y los instintos hidrófobos, malditos
En medio de excrecencias y miserias

Que corrompiste la íntima salud
De tu alma cegada de amarguras
Que en la Tierra no vio los esplendores
Y las igníferas luces de la virtud

Ojos ciegos a las llamas de la bondad
De Dios y a la divina misericordia
Que esparce el bien y las auras de la concordia
En el corazón de toda la Humanidad

Descansa, ahora, vibrón de las ruinas
Olvida al gusano, las carnes, los estiércoles
Refresca en medio de los perfumes
Cantando la luz de las amplias divinidades

Se calló la voz. Y sofocando gritos
Hijos del llanto que me destrozaba
Reconocí que la vida continuaba
Infinita, en eternos infinitos!

Escrita por: Mauricio Gringo