Carta Aberta Ao Guri Que Fui
Quando vim de lá, trouxe quase tudo,
Tudo que cabia na velha mala sebruna
E nos anseios de horizontes largos.
Ficou um potro cabos negros
Ausentado de quem cavalgava
"alpedo",ao sabor dos ventos.
Ficaram os meus tão queridos
Que ainda hoje, povoam meus recuerdos
Junto a outras tantas bem querenças
Que me foram acrescidas pela estrada.
Ficou um amor não resolvido eternizado
Em sonetos tolos e ingênuos.
Fui guri plantado a beira do rio
Onde a prata dos lambaris
Cintilava ao ouro-sol do verão,
Bailando ágeis pelas corredeiras,
Emolduradas de aguapés e sarandis.
Na retina guardei imagens
De malmequeres desfoihados,
O gosto doce das frutas silvestres,
O aroma de anis e maçanilha
Que compuseram sutil sinfonia
Criando contornos às próprias ausências
E aconchegando as minhas distâncias.
Aos torvelinhos se intercalam na lembrança
Lentas imagens da paisagem da querência,
Capões de mato enclausurando centenárias casas
Onde dormitam amarelados retratos nas paredes
Como guardiões de uma história meio bruta
Perenizada na dureza dos relatos.
Rios preguiçosos onde se espelham cerros grandes
E costeiros fantasmas perambulam
Na boca larga dos causos e das lendas.
Deste cenário eu vim, partido, repartido
Ombreando o fado de moldar sonho e destino
Ao som longínquo de um clarim em retirada.
Hoje tenho certeza, que não vim de todo
Ficou uma parte, partida, vagando
Nos campos floridos da infância
Talvez por isso, vez por outra
Volte a pequena e plácida cidade,
Esculpida no alto da coxilha
Entre a serra geral e o planalto,
Busco elos, peças em falta
No intricado quebra-cabeças
Que paciente e perseverante
Vou montando ao longo dos dias,
Para entender donde vim e pra onde vou.
Me reencontro em parte, aos poucos
Quando o disperso imaginário
Me transporta em fantasia,
Olhar sonhador, plasmado
Na frágil e grácil silhueta
Da professorinha da escola rural
Que serena e mansamente
Desfiava contas e contos,
Talvez sem se dar conta
De um amor primeiro e singular
Que aprisionou-se nos subconsciente dos funções
Para renascer ao ensejo de lembranças fugazes.
Por isso à noite quando o sol se põe
E a lua branda se recorta ao céu
Dou asas longas a meus devaneios.
Despacito vou me enfurnando "lejo"
No campo largo das reminiscências
Onde vagueiam inocentes pirilampos.
Campeio um jeito de volver atrás,
Junto coragem pra rever estragos
Que cimentaram no caminho andado,
Pois, só um rosto numa foto antiga
Amarfanhada no desalinho das gavetas
Liga o real e o meu faz de conta.
Se eu não voltar para ficar, contudo
Viverei poetando esta saudade linda
Que acalma a dor e aproxima os longes,
Mas, volta e meia, inverterei o rumo
Trançando estradas como um peregrino,
Buscando imagens, gestos, paisagens
Que amenizem o passar dos anos.
Jogarei linhas de espera nos remansos,
Irei a escola ver se alguém desfia
Contos e contas como antigamente
E ao retomar terei certeza, enfim,
Haver encontrado o guri que fui.
Carta Abierta Al Chico Que Fui
Cuando vine de allá, traje casi todo,
Todo lo que cabía en la vieja maleta ajada
Y en los anhelos de horizontes amplios.
Quedó un potro con crines negras
Ausente de quien cabalgaba
'Alpedo', al sabor de los vientos.
Quedaron mis seres queridos
Que aún hoy, pueblan mis recuerdos
Junto a otras tantas bienquerencias
Que se sumaron en el camino.
Quedó un amor no resuelto eternizado
En sonetos tontos e ingenuos.
Fui un chico plantado a la orilla del río
Donde la plata de los pejerreyes
Centelleaba al sol dorado del verano,
Bailando ágiles por los rápidos,
Enmarcados por aguapés y sarandíes.
En la retina guardé imágenes
De margaritas deshojadas,
El dulce sabor de las frutas silvestres,
El aroma de anís y manzanilla
Que compusieron una sutil sinfonía
Creando contornos a las propias ausencias
Y cobijando mis distancias.
A los torbellinos se intercalan en el recuerdo
Lentas imágenes del paisaje de la tierra natal,
Montes de monte encerrando centenarias casas
Donde reposan amarillentos retratos en las paredes
Como guardianes de una historia un tanto bruta
Perpetuada en la dureza de los relatos.
Ríos perezosos donde se reflejan cerros grandes
Y costeros fantasmas deambulan
En la boca ancha de los cuentos y las leyendas.
De este escenario vine, partido, repartido
Compartiendo el destino de moldear sueños
Al son distante de un clarín en retirada.
Hoy tengo certeza, que no vine del todo
Quedó una parte, partida, vagando
En los campos floridos de la infancia
Tal vez por eso, de vez en cuando
Vuelvo a la pequeña y apacible ciudad,
Esculpida en lo alto de la colina
Entre la sierra general y el altiplano,
Busco eslabones, piezas faltantes
En el intrincado rompecabezas
Que pacientemente y perseverante
Voy armando a lo largo de los días,
Para entender de dónde vengo y hacia dónde voy.
Me reencuentro en parte, poco a poco
Cuando el disperso imaginario
Me transporta en fantasía,
Mirada soñadora, plasmada
En la frágil y graciosa silueta
De la maestra de la escuela rural
Que serena y mansamente
Desgranaba cuentas y cuentos,
Tal vez sin darse cuenta
De un amor primero y singular
Que se aprisionó en el subconsciente de las funciones
Para renacer al influjo de recuerdos fugaces.
Por eso en la noche cuando el sol se pone
Y la luna suave se recorta en el cielo
Doy alas largas a mis ensoñaciones.
Poco a poco me adentro en el campo
De las reminiscencias
Donde vagan inocentes luciérnagas.
Busco una forma de volver atrás,
Reúno coraje para revisar los daños
Que se cimentaron en el camino recorrido,
Pues, solo un rostro en una foto antigua
Arrugada en el desorden de los cajones
Une lo real y mi juego de imaginación.
Si no vuelvo para quedarme, sin embargo
Viviré poetizando esta hermosa nostalgia
Que calma el dolor y acerca las distancias,
Pero, de vez en cuando, cambiaré el rumbo
Tejiendo caminos como un peregrino,
Buscando imágenes, gestos, paisajes
Que suavicen el paso de los años.
Echaré líneas de espera en los remansos,
Iré a la escuela a ver si alguien desgrana
Cuentos y cuentas como antaño
Y al regresar tendré certeza, al fin,
De haber encontrado al chico que fui.
Escrita por: Moises Silveira De Menezes