395px

Oda a la Señora del Sobrado

Moises Silveira de Menezes

Ode à Senhora do Sobrado

Bela e amável senhora
apareça no terraço
deixe que a brisa brejeira
bata leve seus cabelos
que lembram trigais maduros
ondeando sobre as coxilhas.
Descanse o olhar sereno
na placidez da cidade,
ouça o vento em contraponto
ao murmurar das ramagens,
em melíflua sinfonia
num concerto singular.

Senhora, bela e amável
dia desses, num relance
lhe percebi com deleite
a silhueta grácii, frágil
passeando na praça calma
sobre um andar de gazeia,
pois, saiba distinta dama,
que esse sorriso de aurora
em ténue luz de candil,
formata linda gravura
num quadro de lua nova
nas mornas noites do pago.

E também foi num repente
que meus olhos madrugueiros
perpassaram seu recato
por uma pequena fresta,
em meio a sete botões
de uma blusa de algodão
sete vezes bem fechada,
pra pousarem seresteiros
levando os dedos da alma
num afago imaginário
à candura de seu colo,
de alba-rosado matiz.

Outras vezes a percebo
cabelos lourando ao vento,
gestos calmos, comedidos
absorta, desprendida,
a seda branda do rosto
dourando na luz divina
de uma réstia distraída
que o sol lhe dá por moldura
para compor, fulgurante,
um perfil de deusa grega
que veio adornar a pampa
nos cultos da primavera.

Senhora, talvez não saiba
mas há uma cálida névoa,
meio bruma, meio nuvem
a lhe envolver a silhueta
que em suaves meneios lembra
esguias garças ariscas
num bailado sonolento
sobre sutis aguapés.
E mais ainda, senhora!
Vos elegi minha musa,
vestal guardiã dos desvelos
E do amor que me acomete.

Senhora, entendo esconder
nesse vetusto sobrado
seu recato de romance
num quadro de dama antiga,
pois, meus olhos predadores
transpassam esses resguardos
varando sensuais recantos
pra recolher em segundos
envolta em véus de mistério,
imagem doce de fêmea
em bulícios harmoniosos
nos férteis cios de setembro.

Senhora dos meus enlevos,
apareça no terraço
desse sisudo sobrado
onde por vezes se esconde.
Preste atenção neste canto
que nasceu em noite insone
para prantear seu silêncio
e o claustro no casarão.
Senhora, musa encantada,
conceda-me um só sorriso
e abandone esse retiro,
pois, viverá neste poema...

Oda a la Señora del Sobrado

Hermosa y amable señora
aparece en el balcón
deja que la brisa traviesa
acaricie suavemente tu cabello
que recuerda trigales maduros
ondulando sobre las colinas.
Descansa la mirada serena
en la tranquilidad de la ciudad,
escucha el viento en contrapunto
al murmullo de las ramas,
en una sinfonía melodiosa
en un concierto singular.

Señora, hermosa y amable
un día, en un instante
te percibí con deleite
la silueta grácil, frágil
paseando en la plaza tranquila
con un andar elegante,
pues, distinguida dama, debes saber
que esa sonrisa de aurora
en tenue luz de candil,
forma una hermosa imagen
en un cuadro de luna nueva
en las cálidas noches del pago.

Y también fue de repente
que mis ojos madrugadores
atravesaron tu recato
por una pequeña rendija,
en medio de siete botones
de una blusa de algodón
siete veces bien cerrada,
para posarse con ternura
llevando los dedos del alma
en una caricia imaginaria
a la pureza de tu cuello,
de matiz alba-rosado.

Otras veces te veo
con el cabello dorado al viento,
con gestos tranquilos, comedidos
absorta, desprendida,
la suave seda de tu rostro
dorándose en la luz divina
de un rayo distraído
que el sol te regala como marco
para componer, resplandeciente,
un perfil de diosa griega
que ha venido a adornar la pampa
en los cultos de primavera.

Señora, quizás no sepas
pero hay una cálida neblina,
medio bruma, medio nube
envolviendo tu silueta
que en suaves movimientos recuerda
gráciles garzas esquivas
en un baile somnoliento
sobre sutiles aguapés.
¡Y aún más, señora!
Te he elegido como mi musa,
vestal guardiana de mis desvelos
y del amor que me embarga.

Señora, entiendo que escondes
ten tu vetusto sobrado
tu recato de romance
en un cuadro de dama antigua,
pues, mis ojos depredadores
atraviesan esos resguardos
penetrando sensuales rincones
para recoger en segundos
envuelta en velos de misterio,
imagen dulce de hembra
en bullicios armoniosos
en los fértiles celos de septiembre.

Señora de mis ensueños,
aparece en el balcón
de este serio sobrado
donde a veces te escondes.
Presta atención a este canto
que nació en una noche insomne
para lamentar tu silencio
y el encierro en la mansión.
Señora, musa encantada,
concédeme una sola sonrisa
y abandona este retiro,
pues, vivirás en este poema...

Escrita por: Moises Silveira De Menezes