Recuerdos de Tapejara
Já nem sei porque é que Deus
Tanto ao herege e ao fiel
Nos manda um frio tão cruel
Vento e neve em redoblona
E a perna velha quebrada
E esta costela emendada
Se param assim delicadas
Do que tecla de cordeona
Oigalê frio desgranido
O sangue é lenha sem brasa
Cochincho sem quente na asa
O coração mal vai indo
E do fundo da memória
Vai brotando cada história
De um tempo que já foi lindo
Junto do foguito mixe
Do galpãozito aventado
A outra vida, a do passado
Vem surgindo na distância
A que não é esta de hoje
A que aparece tão longe
Como num fundo de estância
Entonce, empeço a lembrar
Aqueles trastes que eu tive
Adaga, punho de ourives
Para passear à mão salva
E um nagão, berro de touro
E um relógio, casca de ouro
Mais certo que a estrela d’alva
E as minhas chilenas de aço
Com bordados na roseta
Que da virilha à paleta
Sabiam onde cortar!
E, em sala de queijo em cincho
No sapatear de um bochincho
Lembravam sino a cantar
Madrugadistas voltando
De dar pasto ao coração
Pra cuidar da obrigação
Depois de um grande domingo
E cada chilena de aço
Marcava o claro compasso
Das quatro patas do pingo
Meu pala, flor de vicunha
Quando em carreira o vestia
Bandeira de ventania
Me arrastava de barbela
E um dia olhando com zelo
Achei uns fios de cabelo
Na franja atados por ela
Meu tirador, puro pardo
Com flexos nos cabrestilhos
A badana e os cochonilhos
Ele tapava, de largo
Com ele bem me sentia
Quando a trigueira trazia
Aquelas cuias de amargo
Meu laço de quinze braças
Com trança do André da Corda
Quanta gauchada recorda
Quando a memória me escalda
Desde o pealo em cornilhudo
Até o zebu capinudo
Laçado na meia espalda
E as boleadeiras, no ar claro
Imitavam o cruzeiro
Quando ele se abre folheiro
Com as estrelas querendonas
Prolongavam o meu braço
Escolhendo um, de um sogaço
Nas bagualadas gavionas
E os meus aperos de argola
De um porte um pouco grandote
Podia sentar em chote
No palanque um bagualão
Me mirou muito índio feio
Quando me viu num rodeio
Com aquelas rédeas na mão
Pingos que eu tive! Nem falo
Mouro ou zaino ou pangaré
Até prefiro andar de a pé
Se como eles não se encontra
Dava até horror e gosto
Sentir o vento no rosto
Correndo no meu bilontra
E as moças daqueles tempos
E mais não digo e me calo
Do espinilho em capão-ralo
Quanta antiga devoção
Canchas, bailes e ajutórios
Parei! Tenho algo nos olhos
E um cerro no coração!
Recuerdos de Tapejara
Ya ni sé por qué Dios
Tanto al hereje como al fiel
Nos envía un frío tan cruel
Viento y nieve en redoblona
Y la pierna vieja quebrada
Y esta costilla remendada
Si se paran así delicadas
Del quejido del acordeón
Frío desgranado
La sangre es leña sin brasa
Cochinillo sin calor en el ala
El corazón apenas va
Y desde el fondo de la memoria
Va brotando cada historia
De un tiempo que ya fue hermoso
Junto al fueguito mezclado
Del galponcito azotado
La otra vida, la del pasado
Va surgiendo en la distancia
La que no es la de hoy
La que aparece tan lejos
Como en el fondo de una estancia
Entonces, empiezo a recordar
Aquellos trastos que tuve
Daga, puño de orfebre
Para pasear a salvo
Y un nago, bramido de toro
Y un reloj, caja de oro
Más cierto que la estrella del alba
Y mis espuelas de acero
Con bordados en la roseta
Que desde la ingle hasta la paleta
¡Sabían dónde cortar!
Y, en la sala de queso en cincha
En el zapatear de un baile
Recordaban a un campanario cantando
Madrugadores volviendo
De dar pasto al corazón
Para cuidar de la obligación
Después de un gran domingo
Y cada espuela de acero
Marcaba el claro compás
De las cuatro patas del caballo
Mi poncho, flor de vicuña
Cuando en carrera lo vestía
Bandera de ventarrón
Me arrastraba de barbilla
Y un día mirando con cuidado
Encontré unos cabellos
En la franja atados por ella
Mi cinturón, puro pardo
Con flecos en los cabos
La badana y los cochonillos
Él tapaba, de ancho
Con él me sentía bien
Cuando la morena traía
Aquellas calabazas de amargo
Mi lazo de quince brazas
Con trenza de Andrés de la Cuerda
Cuánta gente recuerda
Cuando la memoria me quema
Desde el pealo en cornilhudo
Hasta el zebú peludo
Lazado en la media espalda
Y las boleadoras, en el aire claro
Imitaban la cruz del sur
Cuando se abre folleando
Con las estrellas querendonas
Prolongaban mi brazo
Escogiendo una, de un tiro
En las bagualadas gavionas
Y mis aperos de argolla
De un tamaño un poco grande
Podía sentar en chote
En el palenque un bagualón
Me miró muy feo un indio
Cuando me vio en un rodeo
Con esas riendas en la mano
¡Caballos que tuve! Ni hablo
Moros o zainos o alazanes
Prefiero andar a pie
Si no se encuentran como ellos
Daba hasta miedo y gusto
Sentir el viento en la cara
Corriendo en mi bilontra
Y las chicas de aquellos tiempos
Y más no digo y me callo
Del espinillo en el capón ralo
Cuánta antigua devoción
Canchas, bailes y ayudas
¡Detente! Tengo algo en los ojos
Y un cerro en el corazón!