395px

Drama en la hacienda

Odilon Ramos

Drama na fazenda

A tarde descambava, despacito
Numa morosidade de boi manso
O Sol se encaminhava pro descanso
No seu acampamento na coxilha
O gado percorria sua trilha
Cotidiana, no rumo do curral
E ouvia-se cantar no matagal
Um sabiá reunindo sua família

No campo, um quero-quero solitário
Gritou sem que lhe dessem atenção
E a coruja pousada no moirão
Cantou baixinho, em tom de mau agouro
Nisso rompeu no casarão um choro
Que pôs em alvoroço a peonada
Era a patroa que, desesperada
Aos gritos, provocava aquele estouro
A Rita, se sumiu a minha Rita
Foi como jogar pedra em lixiguana
E por cima um piá veio ventana
Disse: O Florêncio não veio pro galpão
E a peonada olhando pro patrão
Compreendeu o que tinha acontecido
E o olhar do velho taura enfurecido
Prenunciou que ia haver revolução

A Rita era a relíquia da fazenda
Um mimo de lindeza e de bondade
Um toque de poesia e suavidade
Na vida rude em que ali se vivia
Levantava cedinho todo o dia
Mateava e conversava com a peonada
Ela era tão querida e respeitada
A Rita, logo a Rita quem diria

Florêncio era o mais guapo dos campeiros
Por isso foi nomeado capataz
Já todos conheciam seu cartaz
Numa doma, no laço ou marcação
Era estimado assim como um irmão
E gostava da Rita, se sabia
Mas nunca se pensou que fosse um dia
Roubar tão logo a filha do patrão

A voz forte cortou os pensamentos
Como um trovão na tarde ensolarada
Mandando se espalhar a peonada
E que trouxessem os dois, mortos ou vivos
E todos cavalgaram, pensativos
Cada um por caminho diferente
Cada um desejando, intimamente
Não achar nunca o par de fugitivos

A barra cor de rosa do Sol posto
Enfeitava ainda o céu lá no poente
Soprava um vento morno, quase quente
Um vento bom de tarde de verão
De repente, ecoou lá no capão
O estampido de um tiro, e outro mais
E logo, o galopar dos animais
Dos peões buscando aquela direção
Acharam os dois mortos, bem juntinhos
A Rita e o Florêncio, lado a lado
Misturando seu sangue derramado
E a noite os encobriu com o seu véu
Um peão mais velho tirando o chapéu
Ajoelhou-se ao lado dos defuntos
E pediu: Meus Deus, recebe estes dois juntos
Nesta fazenda grande aí no céu

Drama en la hacienda

La tarde se deslizaba, despacito
Con la calma de un buey tranquilo
El Sol se iba a descansar
En su campamento en la llanura
El ganado seguía su camino
Cotidiano, rumbo al corral
Y se oía cantar en el monte
Un zorzal reuniendo a su familia

En el campo, un ave solitaria
Gritó sin que le prestaran atención
Y la lechuza posada en el tronco
Cantó bajito, en tono de mal agüero
En eso estalló en la casona un llanto
Que puso en alboroto a los peones
Era la patrona que, desesperada
A gritos, provocaba aquel estruendo
La Rita, se perdió mi Rita
Fue como lanzar una piedra a un zorrillo
Y encima un pibe vino volando
Dijo: El Florencio no vino al galpón
Y los peones mirando al patrón
Comprendieron lo que había sucedido
Y la mirada del viejo enfurecido
Prenunció que iba a haber revolución

La Rita era la joya de la hacienda
Un encanto de belleza y bondad
Un toque de poesía y suavidad
En la vida dura que allí se vivía
Se levantaba temprano cada día
Tomaba mate y charlaba con los peones
Era tan querida y respetada
La Rita, quién lo diría

Florencio era el más guapo de los gauchos
Por eso fue nombrado capataz
Ya todos conocían su fama
En un doma, en el lazo o marcación
Era querido como un hermano
Y le gustaba la Rita, se sabía
Pero nunca se pensó que un día
Robaría tan pronto a la hija del patrón

La voz fuerte cortó los pensamientos
Como un trueno en la tarde soleada
Mandando a dispersar a los peones
Y que trajeran a los dos, muertos o vivos
Y todos cabalgaron, pensativos
Cada uno por un camino diferente
Cada uno deseando, en su interior
No encontrar nunca a la pareja de fugitivos

La barra color rosa del Sol puesto
Adornaba aún el cielo en el ocaso
Soplaba un viento tibio, casi caliente
Un viento agradable de tarde de verano
De repente, resonó en el monte
El estampido de un tiro, y otro más
Y pronto, el galope de los animales
De los peones buscando aquella dirección
Encontraron a los dos muertos, bien juntitos
La Rita y el Florencio, lado a lado
Mezclando su sangre derramada
Y la noche los cubrió con su velo
Un peón más viejo quitándose el sombrero
Se arrodilló al lado de los difuntos
Y pidió: Dios mío, recibe a estos dos juntos
En esta gran hacienda allá en el cielo

Escrita por: Odilon Ramos