A Avó
A avó, que tem oitenta anos,
Está tão fraca e velhinha!...
Teve tantos desenganos !
Ficou branquinha, branquinha,
Com os desgostos humanos.
Hoje, na sua cadeira,
Repousa, pálida e fria,
Depois de tanta canseira:
E cochila todo o dia,
E cochila a noite inteira.
Às vezes, porém, o bando
Dos netos invade a sala ...
Entram rindo e papagueiando :
Este briga, aquele fala,
Aquele dança, pulando ...
A velha acorda sorrindo.
E a alegria a transfigura;
Seu rosto fica mais lindo,
Vendo tanta travessura,
E tanto barulho ouvindo.
Chama os netos adorados,
Beija-os, e, tremulamente,
Passa os dedos engelhados,
Lentamente, lentamente,
Por seus cabelos doirados.
Fica mais moça, e palpita,
E recupera a memória,
Quando um dos netinhos grita :
"Ó vovó ! conte uma história!
Conte uma história bonita!"
Então, com frases pausadas,
Conta histórias de quimeras,
Em que há palácios de fadas,
E feiticeiras, e feras,
E princesas encantadas ...
E os netinhos estremecem,
Os contos acompanhando,
E as travessuras esquecem,
- Até que, a fronte inclinando
Sobre o seu colo, adormecem ...
La abuela
La abuela, que tiene ochenta años
¡Eres tan débil y viejo!
¡Has tenido tantos disgaints!
Se volvió blanca, blanca
Con desconsolación humana
Hoy, en su presidente
Descanso, pálido y frío
Después de tanto cansado
Y siesta todo el día
Y siesta toda la noche
A veces, sin embargo, el rebaño
De los nietos invade la habitación
Vienen riendo y lorando
Esta pelea, que habla
Ese baile, saltar
La anciana se despierta sonriendo
Y la alegría lo transfigura
Tu cara se ve más bonita
Ver tantas travesuras
Y tanto ruido escuchando
Llame a los queridos nietos
Béselos, y, con fluencia
Desliza los dedos
Lentamente, lentamente
Para tu cabello dorado
Se pone más femenina, y vomita
Y recupera la memoria
Cuando uno de los nietos grita
¡Oh, abuela! ¡Cuéntame una historia!
¡Cuente una hermosa historia!
Entonces, con frases pausas
Cuente historias de chimpances
En el que hay palacios de las juedades
Y hechiceras, y magos
Y princesas encantadas
Y los pequeños nietos se estremecen
Los cuentos que acompañan
Y la travesura se olvida
Hasta que la frente se inclina
En tu regazo, se duermen