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Damas finas

Rainhard Fendrich

Feine Damen

Sie überfallen jeden Tag Konditoreien
und ihnen ist jedes Diätrezept vertraut
Sie klagen ständig über ihre Innereien
und daß sie alles tun für ihre zarte Haut.

Sie können Nachmittage bei Friseuren sitzen,
sie machen jede graue Strähne wieder wett,
am Decolleté verträumte kleine weiße Spitzen,
das wirkt sogar bei reifen Fraun noch sehr kokett.

Was wär', wenn wir
die feinen Damen nicht mehr hätten?
Wo wär' der Glanz
auf all den Bällen und Banketten?
Denn das Gefühl
für Etikette und für Stil,
das hat man heute nirgends mehr
und darum kämpfen sie dafür,
denn diese Welt ist so vulgär.

Sie beugen sich sehr gerne aus Theaterlogen,
an ihren Hälsen baumelt es millionenschwer,
denn sie behängen sich mit Ringen, Ketten Broschen,
der, der bezahlt, geht meistens ängstlich hinterher.

In den Gesprächen lieben sie es akademisch,
sie sind gebildet und belesen allesamt.
Doch böse Zungen kichern leise, aber hämisch,
denn promoviert haben sie erst am Standesamt.

Was wär', wenn wir
die feinen Damen nicht mehr hätten?
Wo wär' der Glanz
auf all den Bällen und Banketten?
Denn das Gefühl
für Etikette und für Stil,
das hat man heute nirgends mehr
und darum kämpfen sie dafür,
denn diese Welt ist so vulgär.

Sie würden niemals ihren Ehemann betrügen,
die große Liebe liegt gebündelt in der Schweiz,
sie sind verrückt nach ihm und seinen Bankauszügen,
der Mann um siebzig hat noch immer seinen Reiz.

Doch manchmal hat sogar die Keuschheit ihre Grenzen,
und sie versuchen einen kleinen Seitensprung,
dann angeln sie mit sportlichen Mercedes Benzen
sich einen Mann, der nicht vermögend, aber jung.

Was wär', wenn wir
die feinen Damen nicht mehr hätten?
Wo wär' der Glanz
auf all den Bällen und Banketten?
Denn das Gefühl
für Etikette und für Stil,
das hat man heute nirgends mehr
und darum kämpfen sie dafür,
denn diese Welt ist so vulgär.

Damas finas

Asaltan pastelerías todos los días
y conocen todas las recetas de dieta
Se quejan constantemente de sus entrañas
y hacen todo por su piel delicada.

Pueden pasar tardes en peluquerías,
hacen desaparecer cada hebra gris,
en el escote encajes blancos soñadores,
incluso en mujeres maduras resulta coqueto.

¿Qué sería de nosotros
si no tuviéramos a las damas finas?
¿Dónde estaría el brillo
en todos los bailes y banquetes?
Porque el sentido
de etiqueta y estilo,
ya no se encuentra en ninguna parte hoy
y por eso luchan por ello,
pues este mundo es tan vulgar.

Les encanta inclinarse desde los palcos del teatro,
con collares que cuestan millones colgando de sus cuellos,
pues se adornan con anillos, cadenas y broches,
el que paga, suele ir temeroso detrás.

En las conversaciones prefieren lo académico,
son cultas y leídas todas ellas.
Pero lenguas maliciosas ríen suavemente, pero con malicia,
pues su doctorado lo obtuvieron en el registro civil.

¿Qué sería de nosotros
si no tuviéramos a las damas finas?
¿Dónde estaría el brillo
en todos los bailes y banquetes?
Porque el sentido
de etiqueta y estilo,
ya no se encuentra en ninguna parte hoy
y por eso luchan por ello,
pues este mundo es tan vulgar.

Nunca engañarían a sus esposos,
el gran amor está en Suiza,
están locas por él y sus extractos bancarios,
el hombre de setenta años aún tiene su encanto.

Pero a veces incluso la castidad tiene sus límites,
y tratan de tener un pequeño desliz,
luego pescan con Mercedes Benz deportivos
a un hombre joven, no adinerado.

¿Qué sería de nosotros
si no tuviéramos a las damas finas?
¿Dónde estaría el brillo
en todos los bailes y banquetes?
Porque el sentido
de etiqueta y estilo,
ya no se encuentra en ninguna parte hoy
y por eso luchan por ello,
pues este mundo es tan vulgar.

Escrita por: Rainhard Fendrich