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Un Hombre en la Ciudad

Ricardo Soler

Um Homem Na Cidade

Agarro a madrugada
como se fosse uma criança,
uma roseira entrelaçada,
uma videira de esperança.

Tal qual o corpo da cidade
que manhã cedo ensaia a dança
de quem, por força da vontade,
de trabalhar nunca se cansa.

Vou pela rua desta lua
que no meu Tejo acendo cedo,
vou por Lisboa, maré nua
que desagua no Rossio.

Eu sou o homem da cidade
que manhã cedo acorda e canta,
e, por amar a liberdade,
com a cidade se levanta.

Vou pela estrada deslumbrada
da lua cheia de Lisboa
até que a lua apaixonada
cresce na vela da canoa.

Sou a gaivota que derrota
tudo o mau tempo no mar alto.

Eu sou o homem que transporta
a maré povo em sobressalto.

E quando agarro a madrugada,
colho a manhã como uma flor
à beira mágoa desfolhada,
um malmequer azul na cor,
o malmequer da liberdade
que bem me quer como ninguém,
o malmequer desta cidade
que me quer bem, que me quer bem.

Nas minhas mãos a madrugada
abriu a flor de Abril também,
a flor sem medo perfumada
com o aroma que o mar tem,
flor de Lisboa bem amada
que mal me quis, que me quer bem.

Que me quer bem...

Un Hombre en la Ciudad

Agarro la madrugada
como si fuera un niño,
un rosal entrelazado,
una vid de esperanza.

Así como el cuerpo de la ciudad
que temprano ensaya la danza
de aquel que, por fuerza de voluntad,
de trabajar nunca se cansa.

Voy por la calle de esta luna
que en mi Tajo enciendo temprano,
voy por Lisboa, marea desnuda
que desemboca en el Rossio.

Soy el hombre de la ciudad
que temprano despierta y canta,
y, por amar la libertad,
con la ciudad se levanta.

Voy por la carretera deslumbrada
de la luna llena de Lisboa
hasta que la luna apasionada
crece en la vela de la canoa.

Soy la gaviota que derrota
todo el mal tiempo en el mar alto.

Soy el hombre que transporta
la marea de gente en sobresalto.

Y cuando agarro la madrugada,
recojo la mañana como una flor
junto a la tristeza deshojada,
una margarita azul en color,
la margarita de la libertad
que me quiere bien como nadie,
la margarita de esta ciudad
que me quiere bien, que me quiere bien.

En mis manos la madrugada
abrió la flor de Abril también,
la flor sin miedo perfumada
con el aroma que el mar tiene,
flor de Lisboa muy amada
que apenas me quiso, que me quiere bien.

Que me quiere bien...

Escrita por: José Carlos Ary Dos Santos