Interlude II
E depois dessas coisas vi quatro anjos
Que estavam sobre os quatro cantos da terra
Retendo os quatro ventos da terra
Para que nenhum vento soprasse sobre a Terra
Nem sobre o mar, nem contra árvore alguma
E vi outro anjo subir do lado do Sol nascente
E que tinha o selo do Deus vivo
E clamou com grande voz aos quatro anjos
A quem fora dado o poder
De danificar a Terra e o mar, dizendo
Não danifiqueis a Terra, nem o mar
Nem as árvores, até que hajamos assinalado nas suas testas
Os servos do nosso Deus
E ouvi o número dos assinalados
E eram cento e quarenta e quatro mil assinalados
De todas as tribos dos filhos de Israel
Depois destas coisas olhei, e eis aqui uma multidão
A qual ninguém podia contar, de todas as nações
E tribos, e povos, e línguas
Que estavam diante do trono, e perante o cordeiro
Trajando vestes brancas e com as palmas nas mãos
E clamavam com grande voz, dizendo
Salvação ao nosso Deus, que está assentado no trono
E ao cordeiro
E todos os anjos estavam-se ao redor do trono
E dos anciãos, e dos quatro animais
E prostraram-se diante do trono sobre seus rostos
E adoraram a Deus
Dizendo: Amém. Louvor, e glória, e sabedoria
E ação de graças, e honra, e poder, e força ao nosso Deus
Para todo o sempre. Amém
E um dos anciãos me falou, dizendo
Estes que estão vestidos de vestes brancas
Quem são, e de onde vieram?
E eu disse: Senhor, tu sabes
E ele me disse: Estes são os que vieram da grande tribulação
E lavaram as suas vestes e as branquearam no sangue do cordeiro
Por isso aqui estão diante do trono de Deus
E o servem de dia e de noite no seu templo
E aquele que está assentado sobre o trono
Os cobrirá com a sua sombra
Nunca mais terão fome, nunca mais terão sede
Nem Sol, nem calma alguma cairá sobre eles
Porque o cordeiro que está no meio do trono
Os apascentará, e lhes servirá de guia
Para as fontes de águas da vida
E Deus limpará seus olhos toda a lágrima
Interludio II
Y después de estas cosas vi a cuatro ángeles
Que estaban sobre los cuatro rincones de la tierra
Reteniendo los cuatro vientos de la tierra
Para que ningún viento soplara sobre la Tierra
Ni sobre el mar, ni contra ningún árbol
Y vi a otro ángel subir del lado del Sol naciente
Y que tenía el sello del Dios vivo
Y clamó con gran voz a los cuatro ángeles
A quienes se les había dado el poder
De dañar la Tierra y el mar, diciendo
No dañéis la Tierra, ni el mar
Ni los árboles, hasta que hayamos marcado en sus frentes
A los siervos de nuestro Dios
Y oí el número de los marcados
Y eran ciento cuarenta y cuatro mil marcados
De todas las tribus de los hijos de Israel
Después de estas cosas miré, y he aquí una multitud
Que nadie podía contar, de todas las naciones
Y tribus, y pueblos, y lenguas
Que estaban delante del trono, y ante el cordero
Vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos
Y clamaban con gran voz, diciendo
¡Salvación a nuestro Dios, que está sentado en el trono
Y al cordero!
Y todos los ángeles estaban alrededor del trono
Y de los ancianos, y de los cuatro seres vivientes
Y se postraron delante del trono sobre sus rostros
Y adoraron a Dios
Diciendo: Amén. Alabanza, y gloria, y sabiduría
Y acción de gracias, y honor, y poder, y fuerza a nuestro Dios
Por siempre jamás. Amén
Y uno de los ancianos me habló, diciendo
¿Quiénes son estos que están vestidos con vestiduras blancas
Y de dónde vinieron?
Y yo dije: Señor, tú lo sabes
Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación
Y lavaron sus vestiduras y las blanquearon en la sangre del cordero
Por eso aquí están delante del trono de Dios
Y le sirven de día y de noche en su templo
Y aquel que está sentado en el trono
Los cubrirá con su sombra
Nunca más tendrán hambre, nunca más tendrán sed
Ni el Sol, ni ningún calor caerá sobre ellos
Porque el cordero que está en medio del trono
Los apacentará, y les servirá de guía
Hacia las fuentes de aguas de la vida
Y Dios limpiará sus ojos de toda lágrima