Bravura
No sétimo dia do assédio
Tendo-se levantando muito vento
Puseram-se a lançar contra as casas
Que segundo o uso Castrejo estavam cobertas de colmo
E esferas de fogo ardentes feitas de uma argila fusível e vasos inflamáveis
As casas depressa começaram a arder e a violência dos ventos dispersou este fogo por todos os pontos do Castro
Os inimigos soltaram um imenso clamor
Como se já obtivessem obtido vitória
Puseram-se a empurrar as torres e os testudos e a escavar a muralha
Mas tais foram a coragem e a presença de espírito dos nossos guerreiros e colegas
Que, queimados por todo o lado pelas chamas, acossados por uma saraivada formidável de flechas
Sabendo tudo o que se sucederia
Ninguém abandonou a muralha para se render, nem sequer para vergar a cabeça
E todos combateram com o maior entusiasmo e a maior bravura
Centenas de adagas elevadas
Bramindo em nosso bastião
Pela honra de um outrora esquecido
Nós, vossos filhos aclamamos o retorno do reino perdido
Ó, anciã, Mãe! Nossa mágoa é eterna
Foste esquecida, perdida
Vossa glória, vossa honra banida
Mas vosso canto prevalece no fogo e na névoa agreste
Destronada e abandonada
Por bastardos humilhada
Ao esquecimento lançada
Ó, primordial Mãe, sejas agora louvada, por teus leais filhos do vento
Fieis para todo o sempre
Como fogo na névoa agreste o nosso sangue prevalece
Ó, sábia Mãe, teu canto é ouvido
Vossa chama, o vosso fogo, o nosso escudo
Ó, fecunda Mãe, ventre de pedra
Guiai-nos por bons trilhos
Calécia, nossa mãe somos nós, vossos filhos! Ó anciã, Mãe nosso berço é eterno
O vosso canto, o nosso canto
O nosso orgulho, a ferro e fogo
Somos teus filhos, somos teu povo
Somos teu trono, a herdar de novo
Centenas de gládios bramindo
Erguidos do feroz trovão
Do abismo do trono esquecido
Nós, fiéis filhos trovamos a trova do hino perdido
Calécia, nossa mãe somos teus filhos
Bravura
En el séptimo día del asedio
Con un fuerte viento levantándose
Comenzaron a lanzar contra las casas
Que según la costumbre castreña estaban cubiertas de paja
Y esferas de fuego ardiente hechas de arcilla fusible y vasijas inflamables
Las casas rápidamente comenzaron a arder y la violencia de los vientos dispersó este fuego por todo el castro
Los enemigos soltaron un inmenso clamor
Como si ya hubieran obtenido la victoria
Comenzaron a empujar las torres y los testudos y a cavar la muralla
Pero tal fue el coraje y la presencia de ánimo de nuestros guerreros y compañeros
Que, quemados por todas partes por las llamas, acosados por una formidable lluvia de flechas
Sabiendo todo lo que sucedería
Nadie abandonó la muralla para rendirse, ni siquiera para inclinar la cabeza
Y todos combatieron con el mayor entusiasmo y la mayor bravura
Cientos de dagas en alto
Rugiendo en nuestra fortaleza
Por el honor de un pasado olvidado
Nosotros, tus hijos, aclamamos el regreso del reino perdido
Oh, anciana, Madre! Nuestra pena es eterna
Fuiste olvidada, perdida
Tu gloria, tu honor desterrado
Pero tu canto prevalece en el fuego y la bruma salvaje
Destronada y abandonada
Humillada por bastardos
Lanzada al olvido
Oh, primordial Madre, ahora seas alabada, por tus leales hijos del viento
Fieles por siempre
Como fuego en la bruma salvaje, nuestra sangre prevalece
Oh, sabia Madre, tu canto es escuchado
Tu llama, tu fuego, nuestro escudo
Oh, fértil Madre, vientre de piedra
Guíanos por buenos caminos
Calécia, nuestra madre somos nosotros, tus hijos! Oh anciana, Madre, nuestro hogar es eterno
Tu canto, nuestro canto
Nuestro orgullo, a hierro y fuego
Somos tus hijos, somos tu pueblo
Somos tu trono, a heredar de nuevo
Cientos de espadas en alto
Elevadas desde el feroz trueno
Del abismo del trono olvidado
Nosotros, fieles hijos, entonamos la canción del himno perdido
Calécia, nuestra madre, somos tus hijos