Die Reise Zum Aar
Der Njörd versah das Meer mit dem Sturm,
der ihn führte aus Heimdals Schlund.
Da verschlang ihn der Nebel mit all seinen Mannen,
das Feuer erlosch, die Fackel, die Fackel wart stumm.
Rauh warn die Bärte der Männer,
so rauh die Kraft ihres Leibes,
doch der Met in den Fässern war golden
und süss wie der Schoss eines Weibes.
Der Njörd versah das Meer mit dem Sturm,
der ihn führte aus Heimdals Schlund.
Da verschlang ihn der Nebel mit all seinen Mannen,
das Feuer erlosch, die Fackel, die Fackel wart stumm.
Rauh sind die Bärte der Männer,
so rauh die Kraft ihres Leibes,
doch der Met in den Fässern ist golden
und süss wie der Schoss eines Weibes.
An fremdes Ufer lockt Handel und Land,
ein warm Lager für Reiter und Pferd.
Und ein Weib uns dort sehnlichst erwartet,
doch in der Ferne warten zehnhundert.
Auch im heftigsten Sturm singen wir unsre
Lieder gegen Eis und Regen gelenkt.
Kein Gott hat je einen Sturm geschickt,
der unsre Schiffe bricht und versenkt.
Das Segel gebrauchen zu erreichen den Aar,
so bleibt doch eins gewiss.
Führt unsere Reise nicht mehr zurück,
das volle Horn in Odins Halle uns sicher ist.
El Viaje al Águila
El Njörd cubrió el mar con la tormenta,
que lo llevó fuera de la garganta de Heimdall.
Allí la niebla lo engulló con todos sus hombres,
el fuego se extinguió, la antorcha, la antorcha permaneció en silencio.
Ásperas eran las barbas de los hombres,
tan áspera la fuerza de sus cuerpos,
pero la hidromiel en los barriles era dorada
y dulce como el regazo de una mujer.
El Njörd cubrió el mar con la tormenta,
que lo llevó fuera de la garganta de Heimdall.
Allí la niebla lo engulló con todos sus hombres,
el fuego se extinguió, la antorcha, la antorcha permaneció en silencio.
Ásperas son las barbas de los hombres,
tan áspera la fuerza de sus cuerpos,
pero la hidromiel en los barriles es dorada
y dulce como el regazo de una mujer.
A tierras extranjeras atrae el comercio y la tierra,
un cálido refugio para jinetes y caballos.
Y una mujer nos espera ansiosamente allí,
pero en la distancia aguardan cientos.
Incluso en la tormenta más feroz cantamos nuestras
canciones dirigidas contra el hielo y la lluvia.
Ningún dios ha enviado jamás una tormenta,
que rompa y hunda nuestros barcos.
Usamos la vela para alcanzar al Águila,
pero una cosa es segura.
Si nuestro viaje ya no tiene retorno,
el cuerno lleno en el salón de Odín nos espera seguro.