Manecão do Mundo
Ao tranco lerdo dum lazão prateado
Meio estropiado de medir o chão
Aquele homem que já foi tropeiro
Aquele homem que já foi campeiro
Sempre calçando bota de garrão
Espora grande, lenço Colorado
E aquele olhar tranquilo e bonachão
Poleou a perna dando santas buenas
E foi enveredando pra o galpão
Quando chegava se sentia em casa
Parece até que no borralho
As brasas reacendiam com a presença humana
Daquele tropeiro, amigo e companheiro
Homem de fato, homem daqueles que já são escassos
Que nunca deixou mal um companheiro
Atado n’algum laço, sem esporear o cavalo que montava
E trepar por cima da morte se preciso fosse
No canteiro da alma ele trazia
Cheiro de mato nativo da querência
Em cada remendo daquela bombacha
De muitas tropeadas, daquela camisa
Já sem gola, quarada a suor tropeiro
Ele retratava o chão donde nasceu
Conhecia palmo a palmo, andava de noite
Como se fosse dia
O seu cavalo conhecia tanto
Quem sabe mais até que o próprio dono
Por isso os dois andavam
Naquele entono de taitas campo fora
Manecão do Mundo se chamava
Respeitado por todos, pelos domadores
Pelos esquiladores, pelos aramadores
Era um testamento em manuscrito, apesar dos pesares
E se atirassem uma gaita de botão naquelas mãos
Curtidas a serviço, acostumadas a orelhar potros
E a segurar na sedeira dos buçais, fazia a gente chorar
Lembrando tudo que o tempo não devolve nunca mais
Contava causos de arrepiar o pelo
Alguns acontecidos com ele próprio
Outros, parece que desencravava
Do baú grande do tempo
Da avestruz nanica, do boi de três patas
Da cobra grande que comia gente
E aquela do ai, morena, morena, ai
Da moça de branco que pulava na anca do picaço
E muitas outras
Por que estão escassos homens desse tipo?
Que faziam tudo com gosto e capricho
Sem nunca amanhecer de lombo duro
Nem se esquivar da lida que o dia a dia
Da estância exige
Às vezes, mal chegava do campo, o patrão já esperava
De cavalo pronto, pra outra empreitada
Era só cortar um naco gordo
Trocar de cavalo e estava pronto para o que der e vier
Manecão do Mundo se chamava
Que Deus o tenha aonde estiver
El Gran Hombre del Mundo
Al paso lento de un caballo plateado
Medio cojo para medir el suelo
Ese hombre que alguna vez fue arriero
Ese hombre que alguna vez fue gaucho
Siempre usando botas de cuero
Espuelas grandes, pañuelo colorado
Y esa mirada tranquila y bonachona
Acomodó la pierna dando santas bendiciones
Y se dirigió hacia el galpón
Cuando llegaba se sentía como en casa
Parecía que en el fogón
Las brasas se avivaban con la presencia humana
De ese arriero, amigo y compañero
Hombre de verdad, de esos que ya escasean
Que nunca dejó mal a un compañero
Atado a algún lazo, sin espolear al caballo que montaba
Y dispuesto a desafiar a la muerte si era necesario
En el jardín del alma él llevaba
El olor del monte nativo de su tierra
En cada remiendo de ese pantalón
De tantas cabalgatas, de esa camisa
Ya sin cuello, empapada en sudor arriero
Él reflejaba la tierra donde nació
Conocía cada rincón, caminaba de noche
Como si fuera de día
Su caballo conocía tanto
Quizás más que el propio dueño
Por eso los dos cabalgaban
En esa armonía de verdaderos gauchos
El Gran Hombre del Mundo lo llamaban
Respetado por todos, por los domadores
Por los esquiladores, por los aramadores
Era un testamento viviente, a pesar de todo
Y si le arrojaban un acordeón de botones en esas manos
Curtidas por el trabajo, acostumbradas a domar potros
Y a sostener las riendas de los cabestros, hacía llorar
Recordando todo lo que el tiempo no devuelve jamás
Contaba historias que ponían los pelos de punta
Algunas vividas por él mismo
Otras, parecía que desenterraba
Del gran baúl del tiempo
Del avestruz enano, del toro de tres patas
De la serpiente gigante que devoraba gente
Y aquella de ay, morena, morena, ay
De la chica de blanco que saltaba en la grupa del caballo
Y muchas otras
¿Por qué escasean hombres como él?
Que hacían todo con gusto y dedicación
Sin amanecer con el lomo duro
Ni evadirse del trabajo que el día a día
De la estancia demanda
A veces, apenas llegaba del campo, el patrón ya lo esperaba
Con el caballo listo, para otra tarea
Solo era cuestión de cortar un buen pedazo de carne
Cambiar de caballo y estaba listo para lo que sea
El Gran Hombre del Mundo lo llamaban
Que Dios lo tenga donde quiera que esté