395px

En el Rancho de Madalena

Thaize Texeira

No Rancho de Madalena

No rancho de Madalena
O silêncio que renasce é um idioma que não cala
Pra conversar co a saudade nos quatro cantos da sala
E os dias seguem ao passo, em sensível lentidão
Enchendo olhares escassos com os céus desse rincão

No rancho de Madalena
As madrugadas inteiras deixavam de ser vazias
Co a presença musiqueira de timbres e melodias
E a bondade era visita sem ter hora pra chegar
Fechar a porta por dentro, lavar a erva e ficar!

No rancho de Madalena
Mocitos juntaram tropas, de osso, pelas distâncias
Reunidas pelos rodeios d’algum potreiro da infância
E chinitas maturaram seus sonhos de primavera
Desabrochando tal flores o amanhã de cada espera!

No rancho de Madalena
Haviam ramadas largas, onde encilhavam campeiros
Em manhãs de recorrida, com lumes dos sóis primeiros
Onde cresceram piazitos
Onde viveram senhores
Onde o respeito era um pingo e, sua gente, os domadores!

No rancho de Madalena
Invernos e seus rigores tinham fogo de galpão
E conselhos eram ponchos pra’s geadas da solidão
A fé genuína das horas reunia as almas em prece
Dizendo que tudo posso naquele que fortalece!

No rancho de Madalena
Há um coração de morada, que descansa e pulsa forte
Sabedor de toda vida que existe depois da morte
E uma porteira rangendo (quando o vento lhe desperta)
Que, pra quem chega da estrada, insiste em dormir aberta!

En el Rancho de Madalena

En el rancho de Madalena
El silencio que renace es un idioma que no calla
Para hablar con la nostalgia en los cuatro rincones de la sala
Y los días siguen su paso, en sensible lentitud
Llenando miradas escasas con los cielos de este rincón

En el rancho de Madalena
Las madrugadas enteras dejaban de ser vacías
Con la presencia musical de timbres y melodías
Y la bondad era visita sin hora para llegar
Cerrar la puerta por dentro, lavar la hierba y quedarse!

En el rancho de Madalena
Los chicos juntaron tropas, de hueso, por las distancias
Reunidos por los rodeos de algún potrero de la infancia
Y las chinitas maduraron sus sueños de primavera
Desabrochando como flores el mañana de cada espera!

En el rancho de Madalena
Había ramadas amplias, donde ensillaban gauchos
En mañanas de recorrida, con luces de los primeros soles
Donde crecieron los pibes
Donde vivieron los señores
Donde el respeto era un pingo y su gente, los domadores!

En el rancho de Madalena
Los inviernos y sus rigores tenían fuego de galpón
Y los consejos eran ponchos para las heladas de la soledad
La fe genuina de las horas reunía las almas en oración
Diciendo que todo lo puedo en aquel que me fortalece!

En el rancho de Madalena
Hay un corazón de hogar, que descansa y late fuerte
Sabiendo de toda vida que existe después de la muerte
Y una puerta chirriando (cuando el viento la despierta)
Que, para quien llega del camino, insiste en quedar abierta!

Escrita por: Matheus Costa, José Augusto Ferreira