Christopher's Trance - I
Hey, hey child can’t really touch you
Hey, hey child can’t really feel you
Hey, hey child is this the breath of life
Hey, hey child is it a sigh of death
For all the things I might have said
For all the things we might have done
The illicit son of dream and reality
Taking a walk through the graveyards of humanity
On the colorless screen of a ruined t.v.
In the pain of a poet burning inside of me
Eli, eli, lama sabachthani!
Plastified love, ivory touch
Luxuriant embrace, caressing steel
Ghandi saved, jezebel sins
Nietzsche is heaven, tibetan monk
Blessed be the poor
Draconian kisses, wingless angels
Harlot in scarlet, immaculate conception
Vitreous stares, falling chandeliers
Withering roses, scars on the wrist
Death, our ultimate destiny
Tolling bells, silent processions
Perpetual haze, machine gun eyes
Devouring lips, madwoman’s look
Swaying hips, persuading whispers
Ambiguity within, two seconds to eternity
Our the verge of insanity
Our ultimate destiny
Trance de Christopher - Yo
Hey, hey niño, realmente no puedo tocarte
Hey, hey niño, realmente no puedo sentirte
Hey, hey niño, ¿es esto el aliento de vida?
Hey, hey niño, ¿es un suspiro de muerte?
Por todas las cosas que podría haber dicho
Por todas las cosas que podríamos haber hecho
El hijo ilícito del sueño y la realidad
Caminando entre los cementerios de la humanidad
En la pantalla sin color de un televisor arruinado
En el dolor de un poeta ardiendo dentro de mí
¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?!
Amor plastificado, toque de marfil
Abrazo lujurioso, acariciando el acero
Gandhi salvó, pecados de Jezabel
Nietzsche es el cielo, monje tibetano
Benditos sean los pobres
Beso draconiano, ángeles sin alas
Ramera escarlata, concepción inmaculada
Miradas vidriosas, candelabros cayendo
Rosas marchitas, cicatrices en la muñeca
Muerte, nuestro destino final
Campanas que repican, procesiones silenciosas
Neblina perpetua, ojos de ametralladora
Labios devoradores, mirada de mujer loca
Caderas balanceantes, susurros persuasivos
Ambigüedad interna, dos segundos para la eternidad
En el borde de la locura
Nuestro destino final