395px

Los comediantes

Roberto Vecchioni

I commedianti

Fu una notte di neve, una notte che intorno
ci sono gli elfi e i nani; una notte che nel porto
di Malmöe stridevano forte i gabbiani:
la notte che mio padre ammazzava il maiale,
ed eravamo in tanti, che per la prima volta
nella mia vita vidi i commedianti.

Avevo dodici anni, un bastone per le oche,
nessuna ragazza: mi sembraron giganti,
sollevati dal suolo nel fondo della piazza;
e come per incanto sparirono le case
sparì tutta la gente: e fu come se al mondo,
a parte io e loro non ci fosse più niente...

Li avrei seguiti allora,
li avrei seguiti ovunque,
li avrei seguiti in capo al mondo,
ma ero soltanto un bambino
e non potevo fare di più;
si persero nel buio,
si persero nella notte,
nella voce di mia madre
che mi gridava di tornare indietro,
e non sarei tornato più,
perché chiudevano il tempo
in una scatola d'oro,
e non so cosa avrei dato
per partire con loro.

Li rividi da uomo che era appena finita
la guerra dei trent'anni; preparavano il palco
la sera per la festa di San Giovanni:
e mi prese dal cuore di quand'ero ragazzo
la stessa emozione, come quando ricordi
le parole che hai perso di una canzone...

Li avrei seguiti sempre
li avrei seguiti ovunque
in mezzo al cielo, in fondo al mare,
se non avessi avuto un figlio
e una donna da amare

Così li vidi partire e li lasciai partire,
perché dovevo scegliere
tra dividere il cuore e fuggire con loro,
che nascondevano il tempo
in una sera infinita
a beffare il destino e a inventare la vita.

Ora non ho più niente,
mi porta in giro il tempo
come una foglia morta, ora che vi rivedo
forse per l'ultima volta;
le luci sono spente,
la vita è finalmente l'ombra di là di un sogno:
adesso, questo è il momento
di non lasciarvi mai più:
se sono ancora in tempo prendetemi per mano,
commedianti, vi prego, portatemi lontano

Los comediantes

Fue una noche de nieve, una noche en la que alrededor
había elfos y enanos; una noche en la que en el puerto
de Malmöe los gaviotas graznaban fuerte:
la noche en la que mi padre mataba al cerdo,
y éramos muchos, que por primera vez
en mi vida vi a los comediantes.

Tenía doce años, un palo para las ocas,
ni una chica: me parecieron gigantes,
levantados del suelo en el fondo de la plaza;
y como por arte de magia desaparecieron las casas,
desapareció toda la gente: y fue como si en el mundo,
salvo yo y ellos, no hubiera nada más...

Entonces los habría seguido,
los habría seguido a donde sea,
los habría seguido hasta el fin del mundo,
pero solo era un niño
y no podía hacer más;
se perdieron en la oscuridad,
se perdieron en la noche,
en la voz de mi madre
que me gritaba que volviera atrás,
y ya no habría vuelto,
porque encerraban el tiempo
en una caja de oro,
y no sé qué habría dado
por partir con ellos.

Los volví a ver de adulto cuando acababa
de terminar la guerra de los treinta años; preparaban el escenario
para la fiesta de San Juan:
y me invadió desde el corazón de cuando era niño
la misma emoción, como cuando recuerdas
las palabras que perdiste de una canción...

Siempre los habría seguido,
los habría seguido a donde sea,
en medio del cielo, en el fondo del mar,
si no tuviera un hijo
y una mujer a quien amar.

Así los vi partir y los dejé partir,
porque debía elegir
entre partir el corazón y huir con ellos,
que escondían el tiempo
en una noche infinita
burlando al destino e inventando la vida.

Ahora no tengo nada más,
el tiempo me lleva de un lado a otro
como una hoja muerta, ahora que los veo de nuevo
quizás por última vez;
las luces están apagadas,
la vida es finalmente la sombra más allá de un sueño:
ahora, este es el momento
de no dejarlos nunca más:
si aún estoy a tiempo, tómenme de la mano,
comediantes, les ruego, llévenme lejos.

Escrita por: