Tannelein
Ein kleines Tannenbäumlein stand,
die Blätter dicht und fein.
Es hat noch keine Menschenhand
berührt die Nädelein.
Das Bäumlein wuchs behütet auf
bei Mutter auf dem Schoß.
Es wollte in die Welt hinaus,
zu Weihnachten ins Schloß.
Wie Aschenputtel wartet es
auf Schuhe aus Kristal.
Ein weises Kleid hat es gekriegt
schon wieder für den Ball.
Erzählte Oma wieder mal,
„vor langer alter Zeit...
es stand ein grünes Tannelein
von hier aus gar nicht weit".
Sie spielte mit den Nädelein
mit Sonne, Schnee und Wind.
Ein Prinz geweihte sie mit Wein,
sein Herz war jung und blind.
Er küßte sie und nahm sie mit
ins Tal, in seinen Schloß.
Ein wunderschönes Mädelein
mit Augen grün und groß.
Das Glück war kurz - die Hexe kam.
Mit Neid, und Wut, und Zorn.
Das Mädchen mußte in den Wald,
aus Hexenaugen Dorn.
Zum Feuer ist geworden Prinz,
damit er niemals kann.
In Wäldern singen Tannenlied,
den Tod er brächte dann.
Ein Lagerfeuer als sie sah,
die Tränen floßen bald.
Zur Asche brannte Hexe sie,
sein Rauch wurde kalt.
„Mein Kleines, bleibe hier bei mir,
und gehe nicht ins Tal.
Dort wartet dich das Feuerlicht
zum allerletzten Mal".
„Mein allerliebstes Omilein,
mein Herz ruft mich dahin.
Ich will einmal zum Lichtelein,
ins Tal, ins Schloß - zu ihm".
Wie tapfer Tannenbäumlein steht
benetzt mit Lichtelein.
Kein schöner hatte je die Welt
gesehen Tannelein.
Tannelein
Un pequeño arbolito de pino estaba,
con hojas densas y finas.
Ninguna mano humana aún
ha tocado las agujas.
El arbolito creció protegido
en el regazo de su madre.
Quería salir al mundo,
para Navidad en el castillo.
Como Cenicienta esperaba
por zapatos de cristal.
Recibió un vestido sabio
una vez más para el baile.
La abuela contaba una vez más,
'En tiempos antiguos...
había un pequeño pino verde
no muy lejos de aquí'.
Jugaba con las agujas
con sol, nieve y viento.
Un príncipe la consagró con vino,
con un corazón joven y ciego.
La besó y la llevó
al valle, a su castillo.
Una hermosa doncella
con ojos verdes y grandes.
La felicidad fue breve: la bruja llegó.
Con envidia, ira y rencor.
La niña tuvo que ir al bosque,
de los ojos de la bruja, espinas.
El príncipe se convirtió en fuego,
para que nunca pudiera.
En los bosques cantan las canciones de los pinos,
la muerte traería entonces.
Al ver una fogata,
las lágrimas pronto brotaron.
La bruja la quemó hasta convertirla en cenizas,
su humo se volvió frío.
'Mi pequeña, quédate aquí conmigo,
y no vayas al valle.
Allí te espera la luz del fuego
por última vez'.
'Mi querida abuelita,
mi corazón me llama allí.
Quiero ir una vez a la lucecita,
al valle, al castillo - a él'.
Como valiente arbolito de pino se yergue
bañado por la lucecita.
Ningún pino más hermoso
ha visto jamás Tannelein.