Todesmoor
Eingehüllt in grauen Schwaden,
liegt ein verschwieg'nes Massengrab,
hat verschlungen freudig Leben,
dessen Traum hier elend starb.
Niemand kennt genau die Wege,
dem Geheimnis zu entgeh'n,
das verbergen morsche Weiden,
die als Todesboten steh'n.
Nichts verrät an diesem Orte,
welche Bosheit dich entführt,
wer da wartet all die Tage,
daß der Tod hier graus' regiert.
Nichts erzählt dem Ahnungslosen
von Gebeinen, die tief ruh'n
und dem Trieb in der Stille,
von dem hinterhält'gen Tun.
Nichts und niemanden zu finden
zwischen Wurzeln und Gestrüpp,
spurlos in vergor'nen Tiefen,
denn der Tod lässt nichts zurück.
Er lauert grimm im kalten Nebel
auf des Opfers falschen Schritt,
Unschuld gaukelt grüne moose
Laub und Gräser sind die List.
Leise summt das Windes Betteln,
schmatzend wartet der Morast,
gierig starren tote Augen,
wessen Leib das Moor erfaßt.
Lachte, wenn die Menschen sanlne,
grausam in das Moores Dreck,
lauschte lüstern bangen Rufen,
hockte schmunzelnd im Versteck.
Raunt hingegen böses Flüstern,
fehlgeschlagen ist der Trug,
wann verirrt sich neue Beute
in das Meeres Todesfluch.
Todesmoor
Envuelto en grises nubes,
se encuentra una fosa común silenciosa,
que devoró alegremente la vida,
cuyo sueño aquí miserablemente murió.
Nadie conoce exactamente los caminos,
para escapar del secreto,
que ocultan los sauces podridos,
que se erigen como mensajeros de la muerte.
Nada revela en este lugar,
qué maldad te ha llevado,
quién espera todos los días,
que la muerte reine cruelmente aquí.
Nada le cuenta al desprevenido
sobre los huesos que descansan profundamente
y el impulso en el silencio,
de la acción traicionera.
Nada ni nadie se encuentra
entre raíces y maleza,
sin dejar rastro en profundidades podridas,
pues la muerte no deja nada atrás.
Acecha feroz en la fría niebla
esperando el paso equivocado de la víctima,
la inocencia engaña con musgo verde,
las hojas y hierbas son la trampa.
El viento murmura suavemente,
la ciénaga espera ansiosa,
los ojos muertos miran con avidez,
cuando el cuerpo es atrapado por el pantano.
Se reía cuando la gente caminaba,
cruelmente en el lodazal del pantano,
escuchaba lujuriosamente los gritos de angustia,
se agazapaba sonriendo en su escondite.
Murmuraba, en cambio, malos susurros,
fracasado es el engaño,
cuando una nueva presa se extravía
en la maldición mortal del mar.