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Avenida Corrientes
Antônio Miranda
Avenida Corrientes
I
Da janela do Hotel Las Naciones
vejo pátios abandonados, janelas tristes
um terreno baldio transformado em estacionamento
uns senhores de paletó e gravata caminhando apressados.
Se eu busco, se eu vasculho o fundo da paisagem
o fundo da memória, perco-me entre transeuntes
e reencontro velhos amigos
e as imagens daqueles tempos de juventude.
Antes de dormir, ainda havia livrarias por visitar
recomendações de leituras
um beijo de despedida, novo encontro marcado.
Havia as esculturas de Kosice
o Grupo Madi, o ateliê de Louis Seoane
as gravuras de Castagnino para o Martin Fierro
e eu lia, com avidez, o ciclópeo Bomarzo
de meu amigo Manuel Mujica-Láinez.
Conhecia as fachadas, as portas talhadas
os letreiros, as vitrines, e havia sempre por descobrir!
II
Da janela do hotel vejo a passeata dos sem-teto
a passeata dos desempregados
a passeata dos aposentados
- uma em cada dia da semana
menos sábados e domingos
que são dias para a família
e para o tango. Para o amor
e para a fantasia.
No centro da Avenida
aquele obelisco onipresente , hierático
emblemático: pode ser uma espada
talvez uma vela, um falo
um ponto de exclamação
uma orientação vertical
ou mesmo horizontal.
Ou seria uma caneta
e com ela escrevo enquanto rememoro
aqueles passos errantes
aquelas alegrias compartilhadas
aquelas discussões políticas intermináveis
sobre a Utopia que acabou em repressão.
Mujica-Láinez depois exilou-se nas serras de Córdoba
e Cecília Vaquero figura, ainda hoje,
na lista dos desaparecidos do regime militar.
Não havia ainda Hotel Las Naciones
havia um jovem poeta brasileiro
de casaco surrado e a alma transcendida
pelo sonho, andando pela Avenida.
Avenida Corrientes
I
Desde la ventana del Hotel Las Naciones
veo patios abandonados, ventanas tristes
un terreno baldío convertido en estacionamiento
unos señores de saco y corbata caminando apresurados.
Si busco, si escarbo en el fondo del paisaje
en el fondo de la memoria, me pierdo entre transeúntes
y reencuentro viejos amigos
y las imágenes de aquellos tiempos de juventud.
Antes de dormir, aún había librerías por visitar
recomendaciones de lecturas
un beso de despedida, nuevo encuentro pactado.
Estaban las esculturas de Kosice
el Grupo Madi, el taller de Louis Seoane
las grabados de Castagnino para el Martin Fierro
y yo leía, con avidez, el ciclópeo Bomarzo
de mi amigo Manuel Mujica-Láinez.
Conocía las fachadas, las puertas talladas
los letreros, las vitrinas, ¡siempre había algo por descubrir!
II
Desde la ventana del hotel veo la marcha de los sin techo
la marcha de los desempleados
la marcha de los jubilados
- una en cada día de la semana
menos los sábados y domingos
que son días para la familia
y para el tango. Para el amor
y para la fantasía.
En el centro de la Avenida
ese obelisco omnipresente, hierático
emblemático: puede ser una espada
tal vez una vela, un falo
un punto de exclamación
una orientación vertical
o incluso horizontal.
O tal vez sea una pluma
y con ella escribo mientras rememoro
esos pasos errantes
esas alegrías compartidas
esas discusiones políticas interminables
sobre la Utopía que terminó en represión.
Mujica-Láinez luego se exilió en las sierras de Córdoba
y Cecilia Vaquero figura, aún hoy,
en la lista de los desaparecidos del régimen militar.
Todavía no existía el Hotel Las Naciones
había un joven poeta brasileño
de saco desgastado y el alma trascendida
por el sueño, caminando por la Avenida.



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