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A Morte do Brigadiano

Bruno Neves

Letra

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A Morte do Brigadiano

Houve o tempo em que a "folha"
era a arma respeitada,
pois assim era chamada
a espada do brigadiano.
E nas pendengas do pago,
quando a indiada se atracava,
muitas vezes ele cantava
no lombo de algum paisano.

E ele era desse tempo,
cabo velho e veterano.
Curtiu muito desengano
como praça da "Milícia'.
Mas teve um dom já de berço:
mostrando desde menino,
que Deus lhe dera um destino,
nasceu para ser polícia!

Pequenito já brincava
nas guardas da molecada;
fez uma farda inventada
com uns trapos velhos de brim.
Duma tala de coqueiro
fez sua primeira espada
e organizou com a gurizada
uma brigada mirim.

Quando fez 18 anos foi cumprir a sua sina:
entrou pra "Guarda Assassina",
como era, então, chamada.
E que orgulho sentiu
quando alcançou o que sonhara,
no dia que lhe entregaram
uma farda desbotada!

E seguiu a vida afora
marcheteado com a sorte.
Cruzou ferro com a morte
em muita pegada feia.
Empunha a lei com bravura,
brincando até com o perigo, e
levou muito inimigo
para o fundo da cadeia!

Mas era bom e honesto,
embora pobre e judiado!
Vivia sempre apertado
com o magro soldo de então.
Sonhava, às vezes sorrindo,
apenas por puro afeto,
pois jamais, analfabeto,
chegaria a Capitão.

E como foi massacrado
nos tempos do preconceito!
Ser brigada era defeito
que pesava como um mal!
Pois todo o índio polícia
era, sim, considerado,
como indivíduo afastado
do meio ambiente social.

E um dia juntou os trapos
com uma moça brasileira.
Gaúcha bem verdadeira,
mulher pobre, honesta e boa!
Que sofreu resignada
daquele tempo a malícia,
quando a mulher de polícia
era chamada de à toa"

Mas enfrentaram o destino
unidos num amor profundo!
E peleando com o mundo,
foram passando os anos.
Eram bons, eram benquistos,
entre vizinhos e amigos,
e tinham poucos inimigos,
apesar de brigadianos.

Já estavam quase aos quarenta
quando Deus lhes deu um filho.
Trazendo um novo brilho
para o lar entristecido.
Mas o velho brigadiano
era um exemplo de bom;
pois Deus lhe dera o dom:
ser bom pai e bom marido!

Foi num dia em que o filho
estava cumprindo anos.
Os pais, garbosos, ufanos,
estavam com a alma em festa!
Juntaram uns restos de trocos
do soldo que mal cabia,
para fazer, nesse dia,
uma festinha, modesta...

E quando a mãe fez o bolo,
com uma velinha, enfeitado,
o gurizito, encantado,
dava pulos na cozinha.
É o bolo de aniversário,
dizia a mãe, com carinho,
e os olhos do gurizinho
brilhavam mais que a velinha!

E o cabo velho, sorrindo,
se tocou lá para a venda,
fora buscar a encomenda:
meia dúzia de Gasosa.
E recebendo um abraço,
o brigadiano, faceiro,
com o amigo, o bolicheiro,
ficou tirando uma prosa...

Foi quando entrou no boliche
o mulato "Carniceiro";
um tipo mui bochincheiro,
que já vinha embriagado.
Não gostava de polícia
e ao ver ali o brigadiano,
foi logo puxando pano
pra uma encrenca com o soldado...

Pegou no copo de canha e
disse: bebe milico!
E o Cabo velho, xomico,
que não queria pendenga,
foi saindo de mansinho,
se lembrando do menino,
mas o mulato, assassino,
foi sacando da xerenga ...

Foi tudo tão de repente,
que nem se explica o sentido;
o bandido, enfurecido,
como um louco, o desalmado,
sem que mesmo o bolicheiro
pudesse evitar o mal,
espetou o policial
que caiu ensanguentado!

E à noite, naquele rancho
onde haveria alegria,
uma mãe, triste, se ouvia
chorando, desesperada!
Era a sorte negra e injusta
que quase sempre culmina
a triste e amarga sina
duma mulher de brigada!

E o filho, ainda bobo,
sem compreender a razão,
ao ver o pai, no caixão,
terminando o seu calvário,
batendo palmas, dizia,
- inocente, o pequenito -
"Como papai tá bonito,
festejando o aniversário!"

La Muerte del Brigadiano

Hubo un tiempo en que la 'hoja'
era el arma respetada,
pues así era llamada
la espada del brigadiano.
Y en las disputas del pago,
cuando la gente se peleaba,
muchas veces él cantaba
sobre el lomo de algún paisano.

Y él era de esa época,
cabo viejo y veterano.
Experimentó mucho desengaño
como soldado de la 'Milicia'.
Pero tenía un don desde la cuna:
mostrando desde niño,
que Dios le había dado un destino,
nació para ser policía!

Desde pequeño jugaba
en las guardias de los chicos;
hizo un uniforme inventado
con unos trapos viejos de dril.
De una rama de cocotero
hizo su primera espada
y organizó con los chicos
una brigada infantil.

Cuando cumplió 18 años fue a cumplir su destino:
entró en la 'Guardia Asesina',
como era llamada entonces.
Y qué orgullo sintió
cuando alcanzó lo que había soñado,
el día que le entregaron
un uniforme desteñido!

Y siguió la vida adelante
marchando con la suerte.
Se enfrentó con la muerte
en muchas situaciones peligrosas.
Empuñaba la ley con valentía,
jugando incluso con el peligro, y
llevó a muchos enemigos
al fondo de la cárcel!

Pero era bueno y honesto,
aunque pobre y maltratado!
Siempre vivía apretado
con el escaso sueldo de entonces.
Soñaba, a veces sonriendo,
solo por puro afecto,
pues nunca, analfabeto,
llegaría a Capitán.

Y cómo fue masacrado
en tiempos de prejuicio!
Ser brigadiano era un defecto
que pesaba como una maldición!
Porque todo el indio policía
era, sí, considerado,
como individuo apartado
del entorno social.

Y un día se juntó con una chica brasileña.
Gaucha bien verdadera,
mujer pobre, honesta y buena!
Que sufrió resignada
la malicia de aquel tiempo,
cuando la mujer de policía
era llamada de 'a lo tonto'.

Pero enfrentaron el destino
unidos en un amor profundo!
Y luchando contra el mundo,
fueron pasando los años.
Eran buenos, eran bien vistos,
entre vecinos y amigos,
y tenían pocos enemigos,
a pesar de ser brigadianos.

Ya estaban casi en los cuarenta
cuando Dios les dio un hijo.
Trayendo un nuevo brillo
para el hogar entristecido.
Pero el viejo brigadiano
era un ejemplo de bondad;
pues Dios le dio el don:
ser buen padre y buen esposo!

Fue en un día en que el hijo
cumplía años.
Los padres, orgullosos, felices,
estaban de fiesta!
juntaron unos pocos pesos
del sueldo que apenas alcanzaba,
para hacer, en ese día,
una fiestita, modesta...

Y cuando la madre hizo el pastel,
con una velita, decorado,
el niño, encantado,
daba saltos en la cocina.
'Es el pastel de cumpleaños',
decía la madre, con cariño,
y los ojos del niño
brillaban más que la velita!

Y el cabo viejo, sonriendo,
se fue a la tienda,
fue a buscar el encargo:
media docena de gaseosas.
Y recibiendo un abrazo,
el brigadiano, contento,
con el amigo, el tendero,
estuvo charlando...

Fue cuando entró en la tienda
el mulato 'Carnicero';
un tipo muy alborotador,
que ya venía ebrio.
No le gustaba la policía
y al ver allí al brigadiano,
se fue directo a buscar pelea
con el soldado...

Tomó el vaso de caña y
dijo: ¡bebe milico!
Y el cabo viejo, astuto,
que no quería problemas,
fue saliendo sigilosamente,
pensando en el niño,
pero el mulato, asesino,
sacó su cuchillo...

Fue todo tan repentino,
que ni se explica el sentido;
el bandido, furioso,
como un loco, el desalmado,
sin que ni siquiera el tendero
pudiera evitar el mal,
apuñaló al policía
que cayó ensangrentado!

Y por la noche, en esa casa
donde habría alegría,
una madre, triste, se escuchaba
llorando, desesperada!
Era la suerte negra e injusta
que casi siempre culmina
en la triste y amarga suerte
de una mujer de brigada!

Y el hijo, aún inocente,
sin comprender la razón,
al ver al padre, en el ataúd,
terminando su calvario,
batía palmas, decía,
- inocente, el pequeño -
'¡Qué bonito está papá,
celebrando el cumpleaños!'


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