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Ébauche n°2
Damien Saez
Ébauche n°2
Avons-nous donc commis une action étrange ?
Explique, si tu peux, mon trouble et mon effroi
Je frissonne de peur quand tu me dis: "Mon ange !"
Et cependant je sens ma bouche aller vers toi.
Ne me regarde pas ainsi, toi, ma pensée !
Toi que j'aime à jamais, ma soeur d'élection,
Quand même tu serais une embûche dressée
Et le commencement de ma perdition !
Quand même tu serais une embûche dressée
Et le commencement de ma perdition !
Maudit soit à jamais le rêveur inutile
Qui voulut le premier, dans sa stupidité,
S'éprenant d'un problème insoluble et stérile,
Aux choses de l'amour mêler l'honnêteté !
Celui qui veut unir dans un accord mystique
L'ombre avec la chaleur, la nuit avec le jour,
Ne chauffera jamais son corps paralytique
À ce rouge soleil que l'on nomme l'amour !
On ne peut ici-bas contenter qu'un seul maître !
Mais l'enfant, épanchant une immense douleur,
Cria soudain : "Je sens s'élargir dans mon être
Un abîme béant ; cet abîme est mon coeur!"
Brûlant comme un volcan, profond comme le vide !
Rien ne rassasiera ce monstre gémissant
Et ne rafraîchira la soif de l'Euménide
Qui, la torche à la main, le brûle jusqu'au sang
Que nos rideaux fermés nous séparent du monde,
Et que la lassitude amène le repos !
Je veux m'anéantir dans ta gorge profonde
Et trouver sur ton sein la fraîcheur des tombeaux !"
Descendez, descendez, lamentables victimes,
Descendez le chemin de l'enfer éternel !
Plongez au plus profond du gouffre, où tous les crimes
Flagellés par un vent qui ne vient pas du ciel
Jamais un rayon frais n'éclaira vos cavernes ;
Par les fentes des murs des miasmes fiévreux
Filtrent en s'enflammant ainsi que des lanternes
Et pénètrent vos corps de leurs parfums affreux
"Hippolyte, cher coeur, que dis-tu de ces choses ?
Comprends-tu maintenant qu'il ne faut pas offrir
L'holocauste sacré de tes premières roses
Aux souffles violents qui pourraient les flétrir ?
Hippolyte, Ô ma soeur! Tourne donc ton visage,
Toi, mon âme et mon tout et ma moitié,
Tourne vers moi tes yeux pleins d'azur et d'étoiles !
Pour un de ces regards charmants, baume divin,
Des plaisirs plus obscurs je lèverai les voiles,
Et je m'endormirai dans un rêve sans fin !
Bosquejo n.º2
¿Hemos cometido entonces una acción extraña?
Explícame, si puedes, mi inquietud y mi temor
Me estremezco de miedo cuando me dices: 'Mi ángel'
Y sin embargo siento mi boca ir hacia ti.
¡No me mires así, tú, mi pensamiento!
Tú a quien amo eternamente, mi hermana elegida,
Aunque fueras una trampa colocada
Y el comienzo de mi perdición.
A maldito sea por siempre el soñador inútil
Que quiso primero, en su estupidez,
Enamorarse de un problema insoluble y estéril,
¡Mezclar la honestidad en las cosas del amor!
Aquel que quiere unir en un acuerdo místico
La sombra con el calor, la noche con el día,
Nunca calentará su cuerpo paralítico
Con ese sol rojo llamado amor.
¡Aquí abajo solo se puede contentar a un solo amo!
Pero el niño, derramando un dolor inmenso,
Gritó de repente: 'Siento que se ensancha en mi ser
Un abismo abierto; ¡ese abismo es mi corazón!'
¡Ardiente como un volcán, profundo como el vacío!
Nada saciará a este monstruo gimiendo
Y no refrescará la sed de la Euménide
Que, con la antorcha en la mano, lo quema hasta la sangre.
Que nuestras cortinas cerradas nos separen del mundo,
¡Y que el cansancio traiga el descanso!
Quiero aniquilarme en tu profunda garganta
Y encontrar en tu pecho la frescura de las tumbas.
Desciendan, desciendan, lamentables víctimas,
¡Desciendan por el camino del infierno eterno!
Sumérjanse en lo más profundo del abismo, donde todos los crímenes
Azotados por un viento que no viene del cielo.
Nunca un rayo fresco iluminó sus cavernas;
Por las grietas de las paredes los miasmas febriles
Se filtran inflamándose como linternas
Y penetran sus cuerpos con sus perfumes horribles.
'Hipólito, querido corazón, ¿qué opinas de estas cosas?
¿Comprendes ahora que no debes ofrecer
El holocausto sagrado de tus primeras rosas
A los vientos violentos que podrían marchitarlas?
Hipólito, ¡Oh, mi hermana! Voltea tu rostro,
Tú, mi alma y mi todo y mi mitad,
¡Voltea hacia mí tus ojos llenos de azul y estrellas!
Por una de esas miradas encantadoras, bálsamo divino,
Levantaré los velos de placeres más oscuros
Y me dormiré en un sueño sin fin.'



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