El cocherito
Santiago Adamini
Bailando
empezó a vivir la vida
de muchacho paseandero,
bailarín de los primeros.
Gabino,
un mentado cocherito,
que vivía sus andanzas
en el barrio Caballito.
Silbando
noche a noche en una esquina
a la luz de un farolito
esperaba al organito,
y luego
cuando el tango le invitaba
a bailar los entregaba
empleando el corazón.
Bailando en las calles,
llegó el cocherito,
a ser en el barrio
una gran bailarin.
Soñaba los tangos
que el viejo organito
llevaba al suburbio
a hacerlo feliz.
En todos los bailes
que el mozo llegaba,
bailando ganaba
algún corazón.
Su estampa porteña
que tanto gustaba,
por donde bailaba,
recuerdos dejó.
Pasaron
muchos años y una noche,
entre amigos y algo en copas,
el muchacho les decía:
¡Les juro!
que tranquilo moriría,
si bailando un tango un día,
me fallara el corazón.



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